SOS de la banca al BCE y la EBA: no llega a los test de estrés climáticos

Una veintena de entidades reconoce que no ve factible lograr las exigencias de información que requieren los supervisores de cara a 2022

Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo.

Los bancos europeos piden tiempo porque no llegan al estándar de exigencias regulatorias que preparan los supervisores comunitarios y, a día de hoy, no se ven capaces de superar los test de estrés climáticos que la Autoridad Bancaria Europea (EBA en sus siglas en inglés) tiene previstos para el próximo año y cuyos detalles aún no se conocen. 

El sector ve así poco probable poder tener listas para 2022 las exigencias de información que se les va a requerir. Así lo asegura una veintena de entidades en una encuesta realizada por la agencia Bloomberg, que mantiene el anonimato respecto a qué bancos participan en ella.

El motivo de esta incapacidad, aseguran, es que la información que se les requiere en relación a sus carteras no estará disponible hasta un año después, en 2023. 

Por ello, piden tiempo y, también que si, finalmente, se realizan estos test de estrés climáticos, los resultados no sean públicos.

“Los inversores mirarán de cerca los datos que divulguen los bancos para analizar sus niveles de riesgo”, indica a Bloomberg, Catharina Belfrage Sahlstrand, directora de Sostenibilidad de la entidad sueca Svenska Handelsbanken AB. “Si no les gusta lo que ven, el coste de emitir deuda o capital puede encarecerse”. 

Unas peticiones que conviven con unos reguladores cada vez más exigentes a la hora de valorar el papel del sector financiero en la transición climática.

Exigencias del BCE

Hace sólo unos días, el Banco Central Europeo (BCE) ya constató la vulnerabilidad de los bancos a los riesgos medioambientales. 

En concreto, el organismo presidido por Christine Lagarde ha instado al sector a que detalle cómo le va a afectar esta cuestión medioambiental a sus balances, de aquí a 2050. Y, por tanto, en qué medida afectaría a sus ratios de capital.

A partir de este mes de septiembre, además, el BCE abordará con las propias entidades qué deficiencias ha identificado con la información que éstas ya han suministrado. 

El BCE no percibe que las entidades estén preparadas para hacer frente a los riesgos climáticos. De hecho Frank Elderson, miembro del consejo ejecutivo del BCE y vicepresidente del consejo de supervisión señaló a principios de julio que ningún banco europeo supervisado por el banco central, de los más de 100 analizados, cumplía con las  expectativas.

La propia Lagarde aseguró en julio que “una mayoría sustancial” de los bancos supervisados por el BCE “no están cumpliendo” con las aspiraciones del organismo que ella encabeza. 

Prepararse para las exigencias de capital

Los bancos, según indica la agencia Fitch, deberán estar preparados para unos requerimientos de capital más exigentes derivados de los riesgos climáticos de sus carteras. 

“Los bancos están recibiendo mucha presión de los reguladores en cuanto a lo que deben hacer y la información que deben mostrar”, asegura Jo Lock, ‘financial trainer’ de Fitch Ratings a la citada agencia estadounidense. 

“Nadie está completamente seguro de por dónde empezar”, añade e indica que la agencia londinense recibe un elevado número de llamadas por parte de las entidades relativas a cómo manejar las diferentes cuestiones ESG. 

Una situación que, además, coincide en el tiempo con las investigaciones, tanto en Estados Unidos como en Alemania, sobre la actividad la gestora de Deutsche Bank (DWS) por el presunto ‘greenwashing’ de activos, ya que habría hecho pasar por sostenibles productos que no deberían apuntarse esta etiqueta. 

Frentes abiertos

A las exigencias marcadas por el Reglamento de Divulgación de Finanzas Sostenibles y el desarrollo de una taxonomía por parte de la Unión Europea (que aún tiene pendiente cuestiones clave, como si el gas se considera o no ‘verde’) se suma el impacto de la propia exposición de los bancos al carbono. Con unos costes del CO2 que, en los últimos meses, van en aumento. 

En este sentido, el consejero delegado del Banco Santander, José Antonio Álvarez, reconocía este verano que la entidad tiene abiertos diferentes temas regulatorios, tanto la taxonomía sostenible, como los propios test de estrés climáticos. 

En esa misma dirección apuntó el director financiero del banco, José García Cantera. “Aunque nuestra intención es adelantarlo todo lo posible, sin la definición de la taxonomía, que se espera para el primer y segundo trimestre del año, no tendría sentido avanzar. Todo debe encajar”, indicó durante la presentación de resultados del primer semestre y, en referencia, a cuándo estará lista la estrategia de descarbonización del banco.

Santander, como BBVA, Caixabank, Ibercaja y Abanca, forman parte de Net-Zero Banking Alliance que se ha marcado la meta de establecer una hoja de ruta en los 18 meses posteriores a la adscripción al grupo. Una promesa que, dadas las exigencias regulatorias y las peticiones de ganar tiempo, puede diluirse.

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