Las empresas vincularán facturación y sostenibilidad en 2022

A partir del año que viene, y con la aplicación del artículo 8 de la Taxonomía, se tendrán que especificar las inversiones alineadas con esta clasificación. Es solo una de las muchas novedades que nos esperan en materia de reporting

La Unión Europea sigue avanzando en su hoja de ruta para lograr una mayor transparencia corporativa sobre la sostenibilidad y luchar contra el greenwashing o impact washing.

El objetivo último es que la transparencia corporativa se convierta en el impulso tractor que oriente el capital hacia las empresas verdaderamente sostenibles.

Con ello se persigue una doble finalidad, por un lado, facilitar la capitalización de las empresas europeas, ayudándoles a acceder a un mercado de capital que cada vez tiene más en cuenta los criterios ESG en sus decisiones de inversión, y por otro, que el impulso del capital permita alcanzar los objetivos que ayuden a Europa a convertirse en el primer continente climáticamente neutro, para lo que se requiere un rápido avance en la reducción de las emisiones por parte de las empresas.

Para lograr sus objetivos, el regulador europeo está activando varias palancas a través del reporting corporativo. La primera de ellas, y quizá la más conocida, tiene que ver con aumentar, progresivamente, el alcance de las empresas obligadas a reportar, pero a ella se suman otras dos palancas que responden a las máximas de hacer el reporting corporativo “Reliable, relevant, comparable, consistent,” aumentando la confianza de inversores y otros stakeholders.

Una de ellas es la comparabilidad, que de la mano de la homogeneización de estándares y la taxonomía digital permitirá comparar la ‘performance’ de sostenibilidad entre empresas de un mismo sector.

La comparabilidad disparará la competencia y convertirá la sostenibilidad en una ventaja competitiva a perseguir

La posibilidad de comparación disparará la competencia y convertirá la sostenibilidad empresarial en una de las principales ventajas competitivas que perseguirán las empresas.

El resultado será un gran impulso de la sostenibilidad provocado por la pugna en el acceso al capital y la reputación que les aporte un mayor posicionamiento en el mercado. Pero esta palanca ha sido diseñada para activarse a más largo plazo y requerirá de un tratamiento más extenso.

La tercera palanca, y en la que nos centraremos en este artículo, es la integración de la información financiera y la no financiera. La conectividad de estos dos tipos de información, anteriormente separados, se está activando muy rápidamente y se dirige, de manera específica, a evitar el greenwashing y mejorar la confianza de los mercados en la sostenibilidad corporativa, permitiendo identificar incoherencias y evitando que el reporting se convierta en un relato bien adornado o una manifestación de propósitos alejados de la verdadera estrategia de la empresa.

Inversiones en 2022 y KPIs en 2023

A esta finalidad responde de manera muy concreta, la entrada en vigor del artículo 8 del Reglamento de taxonomía por el cual, a partir de 2022, las empresas tendrán que informar del porcentaje de su facturación que proviene de productos y servicios sostenibles, así como del porcentaje de sus gastos de capital (CapEx) y operativos (OpEx) relacionados con activos y procesos de actividades económicamente sostenibles.

En 2023, además, tendrán que divulgar indicadores cuantitativos de desempeño económico (KPIs) específicos en este ámbito y acompañarlos de una serie de información cualitativa que permita contextualizarlos.

Esta obligación, que se derivan de la regulación de Taxonomía (2020/852), y que fue desarrollada el pasado mes de julio a través de un acto delegado, debe ser incluida en los estados de Información no financiera, informes corporativos de sostenibilidad en la futura nomenclatura de la UE, por parte de todas las empresas obligadas a emitirlos, y cambiará el paradigma de lo que hasta ahora conocíamos como reporte “no financiero”.

Pero la entrada en vigor de este artículo es solo el inicio de un proceso de integración de la información corporativa que también se deja entrever en otras normas.

En este sentido, la Corporate Sustainability Reporting Directive (CSRD) que tiene como objetivo revisar y fortalecer las normas existentes introducidas por la Directiva sobre informes no financieros (NFRD), también incluye la necesidad de establecer puntos de anclaje (anchor points) en los distintos informes corporativos (de gestión, integrado y de sostenibilidad), asegurando la coherencia e interrelación entre los mismos.

En el mismo sentido, el último informe del EFRAG, sobre buenas prácticas de reporting y publicado este mismo mes de noviembre, establece la necesidad de cuantificar los riesgos y oportunidades de sostenibilidad de la empresa y evaluar cómo estos factores impactan en el flujo de caja de la empresa a corto, medio y largo plazo.

La introducción de esta conectividad alejará el reporting corporativo de lo que se ha entendido como RSC

En definitiva, la introducción de esta conectividad entre la información financiera y no financiera de una empresa, junto con el resto de las novedades que se irán incorporando progresivamente, marcarán un punto de inflexión que alejará el reporting corporativo de lo que hasta ahora las empresas entendían como RSC, y lo vinculará directamente con el impacto.

Un impacto real, medible y cuantificable que permita a los inversores y los stakeholders conocer la trayectoria de la empresa hacia la sostenibilidad y, por tanto, su creación de valor empresarial en función de los nuevos criterios que regirán el mercado financiero y de consumo.

Se acabaron los relatos, el reporting corporativo de sostenibilidad se pone a la altura de otros informes corporativos.

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