Alerta en los supervisores europeos por la creciente influencia de los ratings ESG

La autoridad que integra a las CNMV europeas cree que es necesario regular a un sector en crecimiento y con implicaciones en la asignación de capitales en los mercados

La European Securities and Markets Authority (ESMA) quiere poner orden en el negocio de los rating ESG. La autoridad en la que se integran las CNMV europeas se ha ofrecido a la Comisión Europea como supervisora de los emisores de rating ESG, unas ‘notas’ que están ganando ganando mucha importancia -y que son capaces de influir en los mercados-, por el auge de la inversión responsable, que no deja de crecer.

Así se lo ha transmitido hace pocos días la institución que preside Steven Maijoor vía carta a la comisaria Mairead McGuinness, que lidera el área de servicios y estabilidad financiera y mercado de capitales de la Comisión Europea.

Los supervisores de los mercados europeos están preocupados ante el peso que están ganando estas calificaciones, que están desreguladas, muestran importantes diferencias entre unos emisores y otros, y alrededor de las que se está creando una muy importante industria y numerosos productos de inversión.

En 2019 ya existían 37 billones de euros invertidos en activos que seguían estrategias de inversión sostenible

La multiplicación de índices -con el consiguiente impacto en empresas cotizadas que entra o salen de ellos- o de ETF ligados a la ESG son solo una muestra de cómo las calificaciones ESG tienen capacidad para influir en un mercado de grandísimas dimensiones. La ESMA calcula que, en 2019, ya había invertidos en activos que seguían estrategias de inversión sostenible 37 billones de euros.

La ESMA entiende que, como ya supervisa a las agencias de rating, sería lógico que fuera ella quien ejerciera también de guardián en el futuro de las especializadas en notas ESG.

«Dada esta estructura de mercado y la superposición con nuestro mandato actual para las agencias de calificación crediticia, la ESMA puede ver ventajas en ser la autoridad encargada de las responsabilidades de supervisión directa de estos actores», señala en su misiva.

Su propuesta no ha venido al azar, sino que se fundamenta sobre los trabajos que ha llevado a cabo para responder a la consulta de la Comisión sobre la renovación de la estrategia en financiación sostenible.

Los supervisores de las bolsas -y quien avisa no es traidor- consideran que los rating ESG son un tema crucial para el desarrollo de la sostenibilidad, que, asimismo, es crítico para el ‘Green Deal’, sobre el que la UE pivota su hoja de ruta económica de cara a los próximos años.

Muchos rating, muy diferentes y sin ‘supervisión’ sobre conflictos de interés

A la ESMA le ha puesto en alerta que las ‘notas’ de sostenibilidad de los distintos emisores -y existen muchos- sean tan diferentes.

«Comparándolos con los rating de crédito, los de ESG cuentan con unos niveles de correlación muy bajos, que inducen a errores en la cadena de valor de la inversión», reflexiona en su misiva.

La institución no duda de que puedan producirse esas diferencias, sino que pide visibilidad sobre el cómo se construyen esas notas, ante el riesgo de que se puedan crear distorsiones en el mercado.

En este sentido, la propuesta de la autoridad europea se asienta sobre la necesidad de que se conozca de forma muy clara la metodología que se aplica en la determinación de estas calificaciones, e insiste en que la Comisión debería trabajar en una regulación específica.

La ESMA resalta que alguno de los principales emisores de ratings ESG también están detrás de varias familias de importantes índices de sostenibilidad o ESG; algo que genera efectos tanto en el conjunto del mercado, como, particularmente, en cada una de las empresas cotizadas, que accede, o no, al índice.

Son varios los ejemplos que existen. Por ejemplo, S&P controla los índices Dow Jones de Sostenibilidad y también otorga ‘ratings’ ESG.

Otro gigante que opera en ambos campos es MSCI, que cuenta con una amplísima gama de índices -algunos de los más importantes del mundo-. Algunos de ellos ahora mismo cuentan con versiones ESG, sobre las que se estarían construyendo directamente productos de inversión, como por ejemplo ETF.

El crecimiento de ETF ESG puede crear problemas de asignación de capital si los rating son erróneos

El mayor proveedor de fondos cotizados del mundo, iShares (Blackrock), construye algunos de sus ETF ESG, entre ellos uno de los más exitosos el año pasado en mercados emergentes, sobre los indicadores ESG de MSCI. Y el crecimiento de esta variedad de fondos cotizados no deja de crecer.

La ESMA teme que sin una normativa que fuerce a la transparencia sobre el cómo se construyen estos rating, no se pueda proteger suficientemente a los inversores ante hipotéticos conflictos de interés que puedan surgir dentro de las compañías que se dedican a dar estas notas.

En su opinión, sin esa guía, «existen el riesgo de mala asignación de capital (por inversores-mercados), venta incorrecta de productos y greenwashing», advierte la autoridad.

Dónde poner el énfasis regulatorio

La ESMA reconoce que poner el cascabel regulatorio a los rating ESG es complicado, e insta a la Comisión a medir muy bien sus pasos para evitar el crecimiento de este negocio, que todavía está en fase de desarrollo.

En estos aspectos, la autoridad es mucho menos concreta, y solo lanza una serie de ideas y peticiones, como que la regulación no dañe el crecimiento del sector y no de cabida a todas las empresas que operan en él.

La ESMA también enumera una serie de requisitos que serán críticos en la futura regulación: la definición de lo que es un rating ESG o la puesta en marcha de un registro de entidades que operan en este segmento, a las que se les deben de exigir una serie de requisitos en transparencia o conflictos de interés.

La ESMA propone exigencias adaptadas al tamaño de las calificadoras

El supervisor propone distintos ‘niveles’ de exigencia, dependiendo del tamaño del emisor de rating. Así, recomienda aplicar medidas más estrictas con las empresas de rating ESG ‘sistémicas’ y crear un régimen más liviano para las de menor tamaño.

De cara a cómo se deben construir justo esas notas ESG, la ESMA sugiere buscar un modelo legislativo que agrupe a toda la oferta que existe en el mercado y que no limite su capacidad de crecimiento ni de transformación en el tiempo.

«La definición legal debe construir un rating ESG que capture el amplio espectro de herramientas de evaluación que existe actualmente en el mercado», recomienda, al igual que -obviamente- esté ajustada a la taxonomía y «a otras áreas legislativas en financiación sostenible».

No parece que la tarea de la Comisión Europea vaya a ser fácil.

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