Todos los mensajes verdes de BlackRock sobre regulación, gobernanza, rentabilidad, transparencia y el futuro de su voto

Larry Fink publica una auténtica 'encíclica' sobre las exigencias para las participadas del gigante de la inversión en un amplio espectro de temáticas ligadas a la sostenibilidad

La lista de obligaciones de las participadas por BlackRock. Foto por Aaron Burden en Unsplash

La amenaza de BlackRock, el mayor inversor del mundo (7,3 billones de dólares en activos bajo gestión), de desinvertir en todas aquellas participadas que no se comprometan con las cero-emisiones netas en 2050 es la guinda mediática de las cartas que mandó este martes su consejero delegado, Larry Fink, a sus participadas, sus clientes y a la industria en general.

Las cartas de Fink, habituales desde la crisis financiera de 2010, son leídas con atención en la industria pues son un termómetro avanzado de hacia dónde se va a dirigir el mundo de la inversión (la gigantesca representatividad de sus inversores institucionales son el mejor termómetro social de nuestros tiempos).

Prueba de ello fue su carta del año pasado, que definitivamente impulsó la ‘fiebre de la ESG’ con solo mencionarla.

Las reflexiones y advertencias de Fink son importantes porque comienzan a poner negro sobre blanco a sus participadas sobre cómo gestionar las exigencias ‘verdes’ de BlackRock de cara a 2021, y dejan una batería de mensajes relevantes como su posicionamiento ante el debate del ‘reporting’ ESG, el comportamiento corporativo o la prudencia ante el furor de la rentabilidad ESG.

Aquí recogemos los extractos más relevantes sobre la ‘encíclica verde’ de Larry Fink.

Obligación de presentar un ‘plan de negocio sostenible’

Fink anuncia su nueva máxima de sostenibilidad climática para sus inversiones. Un compromiso por lo menos de cero emisiones netas en 2050 que consiga limitar el incremento de la temperatura global a los 2ºC, tal y como establece el Acuerdo de París.

Este compromiso ha sido adoptado mayoritariamente por las grandes compañías del IBEX 35 (donde BlackRock posee participaciones por 20.000 millones, significativas en una veintena de cotizadas), en los últimos meses a tenor de los objetivos establecidos por la Comisión Europea en noviembre pasado.

Sin embargo, una cosa es el compromiso y otra que existan planes realistas para llevarlo a cabo (un estudio reciente de EcoAct solo lo detectaba en una de cada cuatro IBEX). Y aquí es donde se encuentra una de las mayores novedades de las nuevas exigencias de BlackRock en sus activos. Está reclamando un plan de negocios compatible con el objetivo de las cero emisiones.

  • “Estamos solicitando explícitamente a las empresas en las que invertimos que presenten un plan de negocios en línea con el objetivo de limitar el calentamiento mundial a un nivel muy inferior a los 2 °C de cara a lograr unas emisiones netas de gases de efecto invernadero nulas para 2050”.

Más activismo verde en las votaciones y amenaza de desinversión

BlackRock sostiene que está decidida a ser mucho más exigente ante aquellas inversiones que no cumplan con sus aspiraciones a través de un mayor ‘activismo verde’ en su capacidad de voto.

Esto es una medida de presión hacia sus participadas, pero también una respuesta ante las críticas de cierta apatía de su voto en las grandes corporaciones en asuntos climáticos o sociales durante el último año. (A pesar de todo, la representación de BlackRock en la industria global intensa en carbono asciende a dos billones de dólares). Por ello, el objetivo de Fink para 2021 es:

  • Intensificar el papel que desempeñan las votaciones de las propuestas de los accionistas en el marco de nuestros esfuerzos en materia de inversión responsable centrados en la sostenibilidad.

Defiende Fink que, en 2020, el ‘activismo verde’ se centró en 440 participadas (emisoras en total del 60% de las emisiones), donde votó en contra de 64 consejeros y 60 compañías; ahora en 2021, amplía este universo hasta las 1.000 empresas.  Y, por supuesto, además de su mayor presión en el voto, BlackRock anuncia desinversiones en aquellas compañías que no asuman este compromiso, o no presenten un plan detallado de cómo lo llevarán a cabo:

  • En los casos en los que no observemos progresos en este ámbito y, en concreto, en los que identifiquemos una ausencia de alineación y de compromiso, no solo utilizaremos nuestro voto contra el equipo directivo en nuestras posiciones en carteras indexadas, sino que también marcaremos dichas posiciones de cara a una posible desinversión en nuestras carteras de gestión activa discrecional, dado que creemos que presentarían un riesgo para las rentabilidades de nuestros clientes”.

Gestión de Inversión activa y riesgo de sostenibilidad

BlackRock anuncia un mecanismo de “análisis optimizado” precisamente sobre aquellos activos más retrasados en la consecución del Acuerdo de París.

Para ello reforzará los controles de ‘riesgo de sostenibilidad’ en sus mecanismos de gestión de inversión activa desde este mismo año, poniendo en la diana aquellas compañías, no solo las que presenten un deficiente plan ‘verde’ sino aquellas que sean intensas hoy en emisión de carbono:

  • Como parte de nuestro marco de análisis optimizado para integrar el riesgo de sostenibilidad en nuestro proceso de inversión activa y utilizar la totalidad de nuestra gama de herramientas de gestión del riesgo, estableceremos un «universo prioritario» de posiciones que presentan un riesgo climático especialmente sustancial, debido a: 1) elevadas emisiones de carbono en la actualidad. 2) Preparación insuficiente para la transición a una economía con cero emisiones netas de carbono. 3) Escasa adhesión a nuestro compromiso de inversión responsable

Fiscalización de la gobernanza y penalización del ‘greenwashing’

BlackRock será más exigente también con la gobernanza de sus participadas y exigirá una ‘ejemplaridad’ de sus gobiernos corporativos acorde a sus mensajes públicos, a través de una mayor transparencia y divulgación de la información, para evitar ejercicios de falsa propaganda (o greenwashing):

  • A partir de ahora, solicitaremos que las empresas nos confirmen, a través de compromisos o de la divulgación de información, que sus actividades de política corporativa concuerdan con sus declaraciones públicas sobre asuntos clave y estratégicos en materia de política (como el cambio climático). Además, esperamos que las empresas monitoricen las posturas asumidas por las asociaciones comerciales de las que sean miembros activos respecto de dichas cuestiones, de cara a garantizar la coherencia en posturas políticas de relevancia, y ofrezcan una explicación cuando se produzcan incoherencias.

Regulación: apoyo a un modelo único de ‘reporting’ y al TCFD

Larry Fink asume en sus misivas la necesidad de aclarar la ‘sopa de letras’ y diferentes modelos de ‘reporting’ de la información ESG de las compañías.

Aquí BlackRock aboga por un modelo único mundial (frente a la posibilidad de distintos modelos en, por ejemplo, EEUU, Europa y Asia), y apuesta claramente por los trabajos realizados por el Task Force on climate-related Financial Disclosures (TCFD), del Consejo de Estabilidad Financiera (FSB, en inglés):

  • Somos conscientes de que la presentación de información puede ser engorrosa y de que la variedad de marcos de divulgación genera una mayor complejidad para las empresas. Abogamos con firmeza por la transición hacia un único marco mundial. (…) Además, en mi opinión, no solo las empresas cotizadas deberían adoptar los estándares del TCFD, (…) las grandes empresas no cotizadas también deberían adoptarlo.

Rentabilidad de los productos sostenibles

Fink, en su carta a los inversores, advierte de que la alta rentabilidad o resistencia que los fondos sostenibles han tenido durante 2020 pueden haber sido excepcionales, donde una muestra del 81% de índices sostenibles superó a sus homólogos tradicionales. Y avanza de que esto puede cambiar en el corto plazo, aunque anima a seguir una estrategia a largo:

  • Las rentabilidades de la inversión [sostenible] pueden fluctuar —y lo harán— en determinados periodos, pero estas constataciones están contribuyendo a poner fin a la creencia errónea de que la inversión sostenible conlleva unas rentabilidades inferiores.
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