Macquarie y Blackstone, los dos gigantes de las infraestructuras que prometen remar contra el cambio climático

Se marcan el objetivo de invertir en empresas que reduzcan sus emisiones, afectando a su cartera española. El resto de pesos pesados del sector, Brookfield, KKR y GIP, cuentan por ahora solo con metas parciales

Existen cinco grandes firmas de la inversión en infraestructuras -Macquarie, Blackstone, Brookfield, KKR y Global Infrastructure Partners (GIP). Juntas suman casi 1,5 billones de euros de activos gestionados y, en los últimos años, han realizado sustanciales avances en materia ESG (Environmental, Social & Corporate Governance), aunque no todas ellas van al mismo ritmo.

La última en anunciar que acelera la transformación verde de su modelo de inversión ha sido el gigante australiano Macquarie, que gestiona activos por el equivalente a 340.000 millones de euros.

La firma quiere que sus participadas persigan la meta de reducción de emisiones de cara al año 2040 y, aunque no desglosa las medidas concretas, sí asegura que pretende que sus participadas identifiquen las vías para reducir las emisiones y desarrollen planes de negocio para rebajarlas hasta cero en 2040 o, incluso, antes.

Macquarie, socio de Iberdrola y Mapfre…

Estos compromisos, comunicados vía carta corporativa firmada por su ‘senior managing director’, Martin Stanley, también tendrán en el foco las inversiones de Macquarie en España.

Aquí la gestora invierte, sobre todo, a través de fondos de inversión en infraestructuras a largo plazo gestionados por Macquarie Infrastructure and Real Assets (MIRA). Además, cuenta con otros dos brazos inversiones: Macquarie Capital y Green Investment Group. Con este último, por ejemplo, va de la mano de Iberdrola en proyectos de eólica marina en Japón.

Macquarie gestiona en España inversiones en las energéticas Viesgo y CLH, el grupo de hospitales Viamed Salud y los aparcamientos Empark

Macquarie lleva operando en España doce años. Hasta el momento ha centrado su actividad en sectores estrechamente vinculados a la conversión ‘verde’, como el energético (tradicional y renovables) o el transporte. También en sanidad. En concreto, participa en la compañía de aparcamientos Empark, las energéticas Viesgo y CLH y en la firma de hospitales Viamed Salud. Además, junto a Mapfre AM ha lanzado un fondo conjunto para invertir en infraestructuras.

… Y Blackstone, compañero de viaje de Santander

Antes que la firma australiana fue Blackstone la que señaló el compromiso de reducción de emisiones contaminantes de su cartera. En España, este megafondo comparte con el Banco Santander la inmobiliaria Quasar, que asumió los activos inmobiliarios del Popular. Además, está detrás de la Socimi Hispania.

Blackstone anunció en septiembre que aspira a reducir en un 15% las emisiones de carbono en los tres primeros años tras la adquisición de una nueva participada. Eso sí, siempre que tenga capacidad para influir en la gestión energética de estas firmas.

Como ejemplo de su acción, Blackstone señala en su informe anual de estrategia ESG lo que ha hecho con el complejo residencial de ‘StuyTown‘ en Nueva York. Se trata de su mayor inversión residencial en el mundo, que engloba más de 11.000 apartamentos en 56 edificios de Manhattan y que adquirió en 2015.

El fondo indica que, a través de la instalación de 10.000 paneles solares en las azoteas de esos inmuebles, el complejo residencial ha reducido en un 15% sus emisiones de gas invernadero en comparación a 2007.

Brookfield AM quiere valorar el impacto de todo su negocio

Otros tres megafondos en infraestructuras no cuentan con objetivos globales como firma, en el conjunto de sus inversiones, pero sí con apuestas de determinados fondos en cartera o inversiones.

Brookfield Asset Management (que suma activos por el equivalente a casi 470.000 millones de euros) explica en su ‘reporting’ de ESG que realiza inventarios detallados sobre las emisiones de gases con efecto invernadero tanto en su gestión de activos como en su actividad energética en renovables.

Sin embargo, matiza, está en proceso de desarrollar su capacidad de evaluación, de forma sistemática, en todo su negocio.

En cuanto a esa actividad renovable que menciona, se trata de Brookfield Renewable. Se trata de un negocio cotizado (con una capitalización de más de 10.700 millones de dólares) que cuenta en cartera con plantas de energía eólica y solar, pero también centrales hidroelécticas.

La firma asegura en su informe anual de ESG que Brookfield Renewable busca aumentar el peso de las renovables en sus participadas y que, el último ejercicio, rebajó en un 20% las emisiones contaminantes de Alcance 1 (las generadas por sus inversiones) y Alcance 2 (las generadas por el consumo propio).

En cuanto a KKR, socio de Telefónica en el capital de Telxius, su negocio de infraestructuras de telecomunicaciones -con activos gestionados de más de 181.000 millones- tampoco se marca objetivos concretos como firma.

KKR se ha comprometido este año a informar del impacto ESG de su actividad

De momento, va paso a paso. A principios de año, se comprometió a informar el impacto ESG de su actividad. Y en cuanto a esta estrategia de inversiones responsables, fue en 2018 cuando lanzó su primer fondo de impacto, KKR Global Impact, centrado en invertir en empresas que abordan alguno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de Naciones Unidas.

Otro megafondo que invierte en infraestructuras y en energía es Global Infrastructure Partners (GIP), dueño del 20% del capital de Naturgy. Como en el caso de KKR, no hay compromisos globales como firma y fue el pasado mes de junio cuando firmó los Principios de Inversión Responsable (PRI) de la ONU.

La firma sólo indica que mide el impacto ESG de sus participadas. En su caso, suma activos por valor de casi 60.000 millones y se centra en energía, transporte, agua y residuos, por lo que una potencial reducción de emisiones podría tener una influencia significativa.

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