Los inversores serán más exigentes con los bonos verdes en el nuevo año

El mercado reclama más transparencia y seguimiento a los emisores de este tipo de deuda para evitar el 'greenwashing'

La deuda verde continuará creciendo el próximo ejercicio. Foto por CÔPAL en Unsplash

La industria de los bonos verdes ha logrado en 2020 el récord de superar la barrera del billón de dólares, pero se espera que 2021 también sea un ejercicio para marcar nuevos hitos -el Tesoro español se estrenará en este mercado-, aunque el entorno inversor será más exigente con la calidad de la deuda.

De acuerdo con datos de Climate Bonds, el grueso del billón de dólares que se ha puesto en circulación desde 2007, todavía son emisiones sin acreditar -sin adaptarse a unos estándares que aseguran que el uso de los fondos realmente se utiliza para objetivos o proyectos beneficiosos para el medio ambiente-.

Las primeras certificaciones de bonos verdes no llegaron hasta 2014 -todos los emisores deben cumplir una serie de estándares, que deben venir acompañados de una ‘segunda opinión’ que haga las veces de auditor-. En su conjunto, la deuda acreditada por la metodología de Climate Bond Standard (CBS) ya alcanza los 150.000 millones de dólares.

Con el mercado más maduro y la necesidad de muchos inversores de realizar análisis de la sostenibilidad de sus carteras y el trabajo que están realizando las empresas de rating de fondos -como Morningstar o MSCI-, se prevé que los inversores realicen un «mayor escrutinio», en palabras de Barclays, sobre la consistencia del uso de los fondos.

Mejorar la calidad del mercado es crítico para que los bonos con etiqueta ESG sigan creciendo

«Está claro que mejorar la calidad del mercado es de suma importancia para que el mercado de bonos con etiqueta ESG continúe creciendo», explica esta firma en un informe resumen sobre las principales conclusiones en un ciclo de conferencias sobre inversión responsable.

Barclays destaca que algunos de los requisitos que se van a exigir a estas emisiones son la «transparencia y la publicación de informes posteriores a la emisión», recoge. Asimismo y que los fondos que se capten con las emisiones «estén alineadas con los objetivos y compromisos comerciales generales», valora.

La pandemia ha impedido que 2019 sea un ejercicio récord en emisiones -hasta el 13 de diciembre se habían colocado bonos verdes por 220.000 millones frente a los 266.000 de 2018-, pero si la situación económica mejora a lo largo de 2021, la cifra de hace dos años se podría sobrepasar.

La lucha contra el ‘greenwashing’ y los sectores señalados

El destino de los fondos de algunas emisiones verdes han sido muy cuestionadas. Por ejemplo, Repsol fue el objetivo de una de esas polémicas, cuando en su colocación de 2017 destinó los fondos captados a mejorar la eficiencia de sus instalaciones.

Aunque el objetivo de la captación era fomentar inversiones que ayudaran al grupo a reducir sus emisiones de gases contaminantes, desde algunos ámbitos se le reprochaba que mejorar la eficiencia al final provocara más C02.

El debate sobre si todos los sectores pueden emitir deuda verde lleva años sobre la mesa y las petroleras han estado en el centro de la polémica, porque su actividad principal se considera una de las más contaminantes.

El sector, y Repsol también vale de ejemplo, está haciendo un esfuerzo para transformarse y reducir su mix de emisiones con la inversión en proyectos renovables, pero están viendo cómo crece el número de inversores que las excluyen de sus carteras; algo que también complica su financiación.

El sector energético es la líder en emisiones, con un volumen de 354.700 millones de dólares

En este contexto ha surgido el debate sobre si es necesario crear otra categoría de deuda -la de transición- que permita que las fuentes de financiación no se cierren para estas industrias que deben hacer el esfuerzo de cambiar su modelo de negocio.

En paralelo, tampoco pueden dejar de existir, ya que la mayoría del transporte mundial -profesional y particular- todavía depende de los combustibles fósiles.

Por ahora, el sector más activo en la emisión de bonos verdes ha sido justo el energético (incluye a las empresas de renovables y a las eléctricas) que desde 2007 han puesto en circulación 354.700 millones, según datos de Climate Bonds.

Las empresas especializadas en edificaciones de bajo carbono son las segundas en la clasificación, con colocaciones por 263.500 millones. El transporte y el sector de las infraestructuras de agua ocupan la tercera y la cuarta posición, respectivamente, con emisiones por 190.700 y 98.700 millones de dólares en los últimos trece años.

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