La misión imposible (o no) de invertir en Bitcoin o criptomonedas y seguir criterios ESG

El bitcoin es uno de los activos de moda, pero para firmas como BofA, BNP Paribas WM o Rosenberg, difícilmente compatible con los objetivos de un inversor responsable. Algo que, sin embargo, no es extensible a todas las criptomonedas

Bitcoin

El Bitcoin y los criptoactivos no son nuevos, pero han vuelto a llamar la atención de los inversores en las últimas semanas gracias a sus rentabilidades meteóricas, así como la inversión y el apoyo público mostrado por el hombre más rico del mundo, el fundador de Tesla, Elon Musk.

Durante los primeros diez años de vida de los criptoactivos, los inversores institucionales se han mantenido al margen del Bitcoin como activo de inversión. Sin embargo, la convulsión de los mercados con durante la pandemia del Covid-19 y las políticas monetarias expansivas sin precedentes, que podrían hacer repuntar la inflación, han llevado a los expertos a plantearse si incluir este activo alternativo en las carteras de inversión como reserva de riqueza, más allá del posible uso en transacciones.

Por el momento, no hay consenso sobre su idoneidad entre los expertos de inversión. Los más escépticos ponen en duda su capacidad de cobertura frente a la inflación, desconfían del poder diversificador respecto a otras clases de activos y consideran que no es más que «una herramienta de generación de rentabilidad con patrones de comportamiento impredecibles y relaciones imprevisibles con otras clases de activos», según Schroders.

A estos recelos se añaden las preguntas sobre su calificación ESG: ¿es compatible la inversión en criptomonedas con el compromiso con los criterios ambientales, sociales y de buena gobernanza?

Bank of America pone una nota baja al ‘bitcoin’ en impacto medioambiental

Por el momento, pocos proveedores de información ESG se han aventurado a clasificar el Bitcoin o ponerle un ‘rating’.

El banco de inversión estadounidense Bank of America, (BofA) en un informe reciente, le pone al Bitcoin una nota «baja» en el impacto ambiental y «media» en los aspectos sociales y de gobernanza. En el caso de Ethereum también apunta a problemas de ESG similares a los de Bitcoin, aunque mejores herramientas para abordarlos por su tecnología.

Para BNP Paribas Wealth Management la inversión en criptodivisas y, específicamente, en Bitcoin «tiene algunos aspectos donde su valoración bajo criterios ESG es compleja o muy baja, especialmente en relación a su coste medioambiental frente beneficio social», argumenta Ángel Borrego, el director de inversiones y responsable de ISR e inversiones de impacto.

«Si uno invierte en Bitcoin es porque realmente no le importa el ESG. Bajo esta perspectiva, esta clase de activos tiene consecuencias particularmente negativas», zanja Mark Dowding, director de inversiones de la gestora británica BlueBay Asset Management.

Aspectos ambientales

Para entender la cuestión medioambiental es preciso comprender el origen y funcionamiento de las criptomonedas. Estas monedas digitales se fabrican en «minas» con softwares muy precisos alojados en grandes máquinas.

Según los datos de Portocolom, el 66% de las granjas de minas del mundo están alojadas en China, y la principal fuente de energía que se utiliza para alimentarlas es el carbón, seguido por el petróleo y el gas natural, consideradas altamente contaminantes. Además, estas minas representan tan solo el 4% del total de la infraestructura necesaria.

«No compensa el impacto ambiental respecto a los medios de pago tradicionales»

Ana Guzmán, Portocolom

Por ello, la directora de impacto de la gestora española Portocolom, Ana Guzmán, sostiene que «el consumo de electricidad y energía tiene un impacto en el medio ambiente que, a día de hoy, no compensa el impacto medio ambiental que generan los medios de pago tradicionales». No obstante, señala que en un futuro «podrían ser una buena alternativa que contribuya a la mejora del medio ambiente, pero todavía queda mucho por hacer».

Además, para su funcionamiento, las criptomonedas suelen requerir «gigantescos recursos energéticos». En el caso del Bitcoin, validar y asegurar las transacciones requiere un largo y complejo proceso de cálculo, según Pierre Savarzeix, gestor de carteras de Seeyond, del grupo Natixis Investment Managers.

Estas necesidades energéticas son tan intensivas que el consumo anual de electricidad de Bitcoin supera ya al de Argentina, Holanda o Noruega, toda vez que sus emisiones de CO2 se sitúan al mismo nivel que la economía de Grecia. De hecho, según las estimaciones de BofA, si los precios del Bitcoin continúan al alza, podría convertirse en el quinto emisor a nivel mundial, por delante de la economía japonesa.

En opinión de Paul Flavier, responsable de Rosenberg Equities, del grupo Axa IM, probablemente la mayor preocupación para los inversores responsables a largo plazo sea el impacto ambiental indirecto. «A medida que la comunidad inversora se esfuerza por descarbonizar las carteras de inversión, ¿podemos estar seguros de que el suministro y el comercio futuros de tokens criptográficos podrán contribuir a los objetivos netos de carbono cero? En la situación actual del entorno, estamos lejos de estar convencidos», justifica.

Cuestiones sociales y de gobernanza

El cuestionamiento ESG de las criptodivisas trasciende más allá de su impacto ambiental, pero en lo referente a aspectos sociales y de gobernanza el posicionamiento de los expertos no es tan rotundo.

Y es que cabe señalar que la democratización del dinero y el anonimato de la propiedad al emplear Bitcoin podría tener efectos positivos por su utilidad en sistemas financieros corruptos y la reducción de los costes en intermediación financiera. No obstante, para Bank of America estas posibles ventajas se ven superadas por los inconvenientes derivados del mal uso del anonimato, vinculada con actividades delictivas.

En concreto, el informe recoge los datos del proveedor Reprisk, que encontró 181 empresas con riesgos relacionados con Bitcoin en torno al lavado de dinero, la corrupción, el soborno, el fraude y las violaciones de la privacidad de los datos. El Departamento de Justicia de Estados Unidos también ha asociado el Bitcoin a actividades de financiación del terrorismo y blanqueo de dinero.

La inversión en criptomonedas escapa de los mercados regulados

En el impacto social, hay que tener también en cuenta que una inversión en criptoactivos escapa del mercado regulado por su propia naturaleza de red desentralizada, lo cual concierne riesgos potenciales de pérdidas patrimoniales en el caso de olvidar la contraseña de acceso y conlleva incertidumbre para los minoristas ante la laxitud de los intercambios. Además, hoy por hoy, es un activo muy volátil, la oferta está concentrada en grandes inversores y es un mercado con falta de transparencia sobre el destino de las posiciones finales.

Un criptoactivo con enfoque ESG es posible

A pesar del rechazo mayoritario de los criptoactivos por los inversores sostenibles, este no tiene porqué ser definitivo. Y es que el uso de estas tecnologías de bloques (blockchain) que hay detrás de monedas como Bitcoin podría, en un futuro, adoptar otros sesgos y obtener respaldo de instituciones ya que es un asunto en plena transformación, según pronostica el responsable de ISR e inversiones de impacto de BNP Paribas WM.

«La  inversión en criptodivisas evolucionará y se generará posiblemente otro tipo de criptoactivo, incluso regulado y ofrecido por organismos o instituciones o bancos centrales con otro tipo de sesgo y su enfoque ESG podría variar claramente a futuro«, argumenta Borrego.

Alternativos que ya integran ESG

Mientras tanto, el experto del banco francés recomienda a los inversores apostar por otras inversiones alternativas que llevan tiempo integrando factores ESG en su gestión y son un activo en muchos casos con una regulación similar al de otros activos financieros.

Entre ellas, BNP Paribas Wealth Management destaca, los fondos de gestión alternativa ‘Long/Short’, de valor relativo o ‘event driven‘ que seleccionen su cartera de inversión aplicando y premiando factores ESG es posible y pueden generar soluciones de inversión con perfiles de «riesgo bajo y rentabilidad positiva».

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