La carta anual de Larry Fink, ¿un brindis al sol?

La misiva de BlackRock debe ahora plasmarse en hechos. Al gigante se le recrimina que el sentido de su voto no siempre ha estado alineado con su discurso a favor de la lucha contra el cambio climático

¿Es la carta anual de Larry Fink un brindis al sol? La expresión, tan arraigada en el castellano, tiene su origen en la tauromaquia.

Cuando el toreador -o toreadora- prevé una faena más bien modesta tiende a ganarse a los espectadores del tendido de sol para garantizarse el aplauso que el público más exigente del tendido de sombra le negará. 

Algo parecido a esta estrategia le funciona al fundador y consejero delegado de BlackRock cuando publica su carta anual dirigida a los CEOs de las compañías donde la gestora es accionista y que desde hace varios años se centra en asuntos ESG. El aplauso del tendido de sol, merecido o no, ha erigido a Fink en un nuevo ‘poster boy’ de las finanzas sostenibles. 

En el tendido de sol se sientan entre otros la prensa que, por obligación o por convicción, no puede dejar de cubrir las epístolas del mayor gestor de activos del mundo.

Por ejemplo en junio de 2018, cuando las páginas salmón comenzaban a interesarse por la inversión responsable, el periódico americano Barron’s dedicaba su portada a Fink con el ditirambo “la nueva conciencia de Wall Street”. 

En el tendido de sombra, por el contrario, el respetable no le pasa una. Ahí están por ejemplo las ONGs Reclaim Finance o un alter ego de la propia firma BlackRock’s Big Problem que cuestionan sus credenciales ESG por la exposición y “adicción a los combustibles fósiles” de sus inversiones. Otras como Majority Action centran su crítica en aspectos de ‘stewardship’, en particular la correlación entre la grandilocuencia de la carta de Fink y el historial de voto en asuntos climáticos de BlackRock. 

Reclaim Finances, BlackRock’s Big Problem o Majority Action cuestionan las credenciales ESG de BlackRock

A mitad de camino entre lo que tanto sorprende la prensa y lo que tanto detestan las ONGs, resultan mucho más interesantes las opiniones de otras gestoras – no siempre publicables – que al igual que BlackRock deben ofrecer a sus clientes rendimientos ajustados al riesgo. 

El aurea mediocritas se puede palpar entre las firmas más veteranas en el terreno de la inversión responsable, que llevan décadas de ventaja integrando factores ESG en su filosofía de inversión, y que muy posiblemente perciben la reciente epifanía de Fink con sentimientos encontrados. 

Los puntos de vista de la praxis ESG de BlackRock

Durante 2020, recuerdo haber tenido conversaciones al respecto con inversores muy antiguos en el terreno de la sostenibilidad. Entre los ejemplos que se pueden citar por no haber sido ‘off the record’ están las firmas pioneras Walden Asset Management y Trillium Asset Management, quienes a su vez han hecho ‘engagement’ con BlackRock por ser sus accionistas.

En ambas firmas han notado cierta mejoría respecto a las prácticas ESG de BlackRock, fundamentalmente por dos tipos de estímulos. Externos, debido a la inevitable demanda por parte de clientes y las exigencias del mercado; e internos, por la entrada de nuevos profesionales en la firma que tienen las ideas más claras respecto a cómo poner en práctica políticas ESG.

En Walden destacaban (cuando todavía Trump era presidente) el efecto positivo de las declaraciones de Fink que no congeniaban bien con la agenda expresamente anti-ESG de la administración republicana.

Hay que recordar que durante la administración Trump, tanto el supervisor del mercado, Securities Exchange Commission, como la agencia con competencias sobre planes de pensiones de empleo, Department of Labor, implementaron medidas que reinstauraron obstáculos estructurales para el desarrollo de la inversión ESG en EEUU. 

Durante la Administración de Trump, diversos actores implementaron medidas que obstaculizaban el desarrollo de la ESG en EEUU

Sin embargo, en Trillium, echaron en falta una labor de oposición efectiva y sin ambigüedad por parte de BlackRock ante los cambios regulatorios de Trump, posiblemente propiciados por el lobby de asociaciones empresariales (que prefieren esquivar el escrutinio inversor ESG) a las que la propia gestora pertenece.

Uno de los aspectos que exasperaba tanto a Walden como a Trillium es el paupérrimo historial de voto de BlackRock en asuntos sobre riesgo climático.

En ello coincidían con Majority Action, cuyo director ejecutivo, Eli Kasargod-Staub me comentaba: “A pesar de envolverse en la retórica de la sostenibilidad y del ESG, [BlackRock] continúa usando su poder de voto para exonerar a los consejos de administración de toda responsabilidad por riesgo climático.”

Como nuevo miembro de la iniciativa de inversores Climate Action 100+ (CA100+), Kasargod-Staub esperaba mucho más de BlackRock durante la temporada de juntas de 2020. Por ejemplo, votar a favor de las resoluciones climáticas propuestas por sus nuevos compañeros de viaje. 

Sin embargo, de las 12 resoluciones de asuntos climáticos identificadas por Majority Action como promovidas por miembros de CA100+, BlackRock solo respaldó dos. En contraste con JP Morgan Asset Management, que también se estrenaba en el CA100+ y apoyó ocho resoluciones. 

Andrew Behar, CEO del grupo As You Sow, me comentaba que una de las razones que explican el tímido voto no solo de BlackRock sino de otros conocidos nombres de la inversión pasiva, es el interés comercial en la administración de fondos de pensiones de empleo (planes 401(k) como se les conoce en EEUU). 

“El sistema está roto. Cómo van a votar en contra del CEO que decide si les van a contratar o no para gestionar millones de dólares en activos de pensiones,” se preguntaba retóricamente Behar.

Las firmas de inversión, por supuesto, argumentan que tienen mecanismos para evitar cualquier conflicto de interés. 

Matt Patsky, CEO de Trillium, me confirmaba que tales fricciones existen en el mercado. Patsky me contaba que lo vivió en carne propia cuando una gestora de mayor tamaño hizo una oferta para adquirir Trillium y en las negociaciones surgió el tema.

El potencial comprador le preguntó a Patsky que, si llegado el caso, Trillium podría suavizar su ‘engagement’ con clientes de planes de pensiones 401(k). Las negociaciones se rompieron en ese mismo momento, algo de lo que Patsky está muy orgulloso. 

El propio Jack Bogle, fundador de Vanguard, ya lo reconoció explícitamente en 2002: “Votar en contra del management puede poner en peligro la retención de clientes de planes de pensiones 401(k)”.

Sin lugar a dudas los planes 401(k) son el pan de cada día para firmas como BlackRock. El ‘bread and butter’ en palabras de Tim Smith, director de shareholder engagement en Walden. De acuerdo con Smith, estos planes de pensiones cada vez demandan más productos que incorporen opciones ESG. 

Fink acierta de pleno al comienzo de su carta cuando dice que BlackRock no gestiona su propio dinero sino los ahorros para las pensiones de “maestros, bomberos, doctores y muchos otros”. El ahorro de la gente corriente está moviendo el mercado ESG sin que sean conscientes de ello.

La carta de Fink mejora con los años, se lo reconocen en el tendido de sombra. Pero en muchos aspectos, aún tendrá que recorrer el camino que va de las palabras a los hechos.

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