La falta de regulación pone en cuarentena a la segunda generación de productos verdes

La innovación en materia de sostenibilidad es imparable. Repos, swaps... se suman a la deuda o al crédito. Pero sin normativa, también surgen riesgos, según la AEB, Ofiso y Spainsif

La industria financiera sigue dando pasos para ampliar las herramientas de financiación con criterios de sostenibilidad ambiental mientras la regulación está en pleno desarrollo. La meta final parece estar puesta en que cada producto cuente con su alternativa verde, aunque para ello habrá que capear algunos riesgos.

Entre ellos, el más latente es el regulatorio. Tanto la Asociación Española de Banca (AEB), como el Observatorio Español de la Financiación Sostenible (Ofiso) y la Asociación de inversión responsable Spainsif coinciden en que la industria financiera va por delante de la regulación en este sentido.

«El riesgo regulatorio va a estar íntimamente unido al desarrollo de las finanzas sostenibles, aunque el regulador trabaja muy cerca de la industria y permite en buena medida anticipar esos riesgos y por lo tanto minimizarlos«, apunta el secretario general de Ofiso, Juan Carlos Villanueva.

El grandfathering es el riesgo de que la regulación cambie las reglas de juego de los nuevos productos

Uno de estos riesgos es el ‘grandfathering‘. El temor a que una próxima alteración de las reglas de juego introduzca nuevos requisitos y que estos no sean aplicables a los productos puestos en marcha antes de una fecha determinada.

Asimismo, Villanueva apunta a otros peligros derivados de este desarrollo como un eventual régimen de penalizaciones, la falta de gobernanza o la asincronía de regulaciones entre mercados hiperconectados.

En este entorno, la patronal bancaria española considera importante que haya «flexibilidad en la regulación», de forma que resulte en políticas «ágiles, coherentes y de impacto» y puedan realmente promoverse los ajustes necesarios para la sociedad.

«Nos encontramos ante un escenario nuevo para entidades, reguladores y supervisores que precisa un diálogo constante, como está ocurriendo», señalan desde la AEB.

De su lado, el director general de Spainsif, Francisco Javier Garayoa, cree que de este contexto pueden surgir problemas relacionados con las casuísticas de marketing verde, es decir, casos de ‘eco-postureo‘ o blanqueamiento ecológico.

«Posiblemente el ‘greenwashing’ sea un proceso inevitable en un primer momento. Seguro que quedará controlado gracias al marco regulatorio europeo, la labor de los supervisores y las propias inercias del mercado, que irán penalizando estos casos de malas prácticas», argumenta Garayoa.

Vías de crecimiento

A pesar de estos riesgos, la industria financiera tiene interés por estudiar todas las vías posibles de financiación en los mercados con características verde, social y de buena gobernanza corporativa.

Precisamente, hace unos días Deutsche Bank anunciaba la ejecución de su primera transacción de recompra (‘repo’) verde como parte de su iniciativa para aumentar la gama de productos de renta fija sostenible para los clientes.

El ‘repo’ es un contrato de transacción de un activo con pacto de recompra por un precio y plazo determinados. Para que sea verde, lo determinante es que se utilicen los ingresos del tramo de efectivo de la transacción en proyectos verdes.

En ese caso, la transacción implicó que el banco alemán transfiriera valores a su cliente M&G Investments y recibiera efectivo para financiar el ‘pool’ de activos ecológicos de Deutsche Bank, incluidos proyectos de energías renovables.

Esa operación es un ejemplo de la pujanza de la demanda por encontrar activos sostenibles, aunque estos sean compartidos en el ‘pool’ de activos verdes de un banco.

«Los acuerdos de recompra verdes son una alternativa apenas explorada, pero con un gran potencial«

Ofiso

Aunque es pronto para ser una tendencia, los ‘repos’ verdes están comenzando a estar en el radar de los mercados financieros. En febrero, BNP Paribas llevó a cabo otro acuerdo de recompra verde con el Agricultural Bank of China Limited (ABC).

Para Ofiso, canalizar esta demanda a través de un acuerdo de recompra es una alternativa apenas explorada, pero con un gran potencial. «Será la demanda la que finalmente irá priorizando la más adecuada», señala Villanueva.

Más allá, los expertos consultados también mencionan el interés en el desarrollo de algunos productos derivados (‘swaps‘). No obstante, estos se presentan todavía en formatos «muy a la medida y sin estandarizar», puntualizan desde Ofiso.

De momento, el mayor ritmo está impulsado por las emisiones de deuda, bonos verdes y sostenibles. Esta misma semana Grenergy daba el paso como la primera compañía española en lanzar un programa de pagarés, de 100 millones, en un marco de financiación alineado con los principios de los bonos verdes.

Paralelamente, los bonos y los préstamos ligados a sostenibilidad también están dando los primeros pasos, con capacidad de innovación y adaptación. Los ‘Sustainability Linked Bonds’ (SLB) o ‘Key Performance Indicators (KPI) Linked Bonds’, se encuentran todavía en una etapa inicial, tras su surgimiento en 2019.

En cuanto los productos financieros básicos, destacan los depósitos sostenibles, que ya están en el mercado como producto minorista y, según Spainsif, suponen un nuevo reto para las entidades financieras y aseguradoras.

Desde la AEB ponen como ejemplo el esfuerzo de la banca española para ofrecer las hipotecas verdes y la financiación de transición para adaptar actividades económicas como las del mercado inmobiliario al objetivo de una economía descarbonizada.

«Estamos en un momento en que la innovación en productos verdes va a marcar la diferencia en el posicionamiento de mercado y, como en todo, habrá quienes salgan mejor y peor parados», zanja el director general de Spainsif, Francisco Javier Garayoa.

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