Hay vida más allá de la carta de BlackRock: estas son las advertencias de las gestoras más activas en las juntas

Aunque el gigante se lleva la fama, otras firmas, como Aviva o Amundi, también acostumbran a publicar misivas anuales sobre las exigencias para sus participadas

BlackRock cuenta con importantes posiciones en la bolsa española

La mayor gestora de activos del mundo, BlackRock agita cada año el mundo de la inversión con la carta en la que su primer espada, su consejero delegado Larry Fink, desvela sus prioridades a la hora de decantarse por una u otra compañía.

Este año, la ‘encíclica’ de BlackRock ahondaba en la exigencia de desinversión de todas aquellas empresas que no se comprometan con las cero emisiones contaminantes en 2050.

Pero el gigante estadounidense no es un ‘rara avis’. Ni mucho menos. A este lado del Atlántico también hay grandes nombres de la inversión que han puesto sus cartas sobre la mesa y dan pasos hacia un modelo de participadas donde primen los criterios ESG, especialmente los medioambientales, con la clara exigencia de cambiar el enfoque empresarial en lo relativo al clima.

Es el caso del grupo británico Aviva o de Amundi, controlado por la entidad francesa Credit Agricole, que también emiten sus propias cartas a los presidentes o a las consejeros delegadas de sus participadas, y cuyo ‘track récord’ en materia de ‘activismo’ en voto climático y social es mucho más intenso que el de BlackRock, de acuerdo con Share Action.

Exigencia de compromisos claros y basados en la ciencia

Aviva, por ejemplo, en la última carta publicada en los primeros compases del año, antes incluso de la renombrada misiva de BlackRock, también se alineó con el compromiso de invertir en compañías con cero emisiones; y con igual meta, el año 2050.

Su objetivo, aseguraba en la misiva firmada por su consejero delegado Mark Versey, que sus participadas integren los objetivos del clima como prioridad en su estrategia de negocio y en sus objetivos financieros, incluido en sus perspectivas de Capex, en referencia a las inversiones en capital.

“Esperamos que todas las compañías se alineen con esta ambición y, de forma clara, articulen estrategias relacionadas con el clima y con un modelo de transición que permita las cero emisiones netas de cara la mitad del siglo”, indica Aviva en su carta al mercado.

Aviva exige a sus participadas estrategias claras sobre la mitigación del impacto climático

“Los planes climáticos deben integrar el impacto en la diversidad y llevar asociadas estrategias de mitigación”, indica Aviva en referencia al impacto que tiene la actividad de las empresas participadas.

Unos planes que, entiende, deben incluir objetivos tanto a corto como a medio plazo y considerar como opción proporcionar a los inversores la posibilidad de realizar un voto consultivo sobre la información no financiera. En el caso de las compañías británicas, el Taskforce on Climate-related Financial Disclosures framework (TCFD).

Por su parte, Amundi aboga por una hoja de ruta muy similar. En su caso, la carta de prioridades firmada por su consejero delegado, Yves Perrier, argumenta que la transición energética es necesaria para limitar las emisiones y reducir el calentamiento global a niveles que sean soportables para las diferentes sociedades.

“Además de medir la evolución de las emisiones de las compañías en las que invertimos, en 2021, vamos a apoyar resoluciones que respalden una mayor transparencia en esas estrategias de reducción de emisiones”, indica el CEO en la que, además, es su última carta anual al mercado porque en mayo de este año dará el relevo a Valerie Baudson. “Alentamos a las compañías a que realicen sus propios compromisos basándose en criterios científicos”, añadía Perrier.

Las exigencias se reflejan (o no) en las juntas de accionistas

Más allá de estas intenciones, las prioridades de influir de uno u otro modo en la gestión de las compañías queda reflejado en el sentido de voto de las grandes gestoras durante las juntas de accionistas de las compañías.

Y ahí, algunas de las gestoras europeas han marcado posiciones, según queda reflejado en el informe ‘Voting Matters 2020’ realizado por ShareAction.

Un informe que analiza cómo 60 de las mayores gestoras del mundo han manifestado sus votos en lo relativo a más de un centenar de cuestiones relacionadas con el cambio climático o medidas sociales ligadas a la ESG, durante los convulsos meses comprendidos entre septiembre de 2019 y agosto de 2020, incluyendo así el primer impacto de la pandemia.

Este análisis pone de relieve cómo firmas de renombre (entre ellas Nordea Investment o BNP Paribas Asset Management) optaron por no votar en más de un 10% de las juntas anuales de accionistas analizadas.

Otras firmas, en cambio, fueron especialmente activas. Por ejemplo, seis firmas votaron, al menos, en un 95% de las resoluciones. Entre ellas, Impax Asset Management o Aviva Investors. Mientras, que otras, como Amundi Asset Management, rozó el 90%.

Esa capacidad de influencia vía voto queda reflejada, según el informe de ShareAction, en que 15 de las 102 resoluciones analizadas, de las diferentes juntas estudiadas, fueron aprobadas de forma mayoritaria por los inversores institucionales.

Sin embargo, un número similar, otras 17 resoluciones, habrían salido adelante si no hubiese sido por el voto en contra de, al menos, uno de los tres gigantes de la inversión; BlackRock, Vanguard Group o State Street Global Advisors. Tres gestoras a las que denomina los ‘Big Three’.

Las gestoras ligadas a entidades financieras se encuentran en un posible conflicto de interés al exigir una menor exposición al carbón

Según este informe, Aviva fue la segunda gestora que más respaldó tanto resoluciones relativas a la protección de los derechos humanos; por detrás de Aegon Investement Management; como a la reducción de la brecha salarial. En este último caso, por detrás de la ya citada Amundi.

El estudio de ShareAction pone de relieve como la cuestión medioambiental está en el foco de las entidades bancarias. En este sentido, hay que recordar que Santander y BBVA acaban de sellar sus compromisos para reducir su exposición a las actividades ligadas al carbón.

El propio informe asume que este compromiso es un reto para las gestoras vinculadas a entidades financieras, ya que puede conllevar un posible conflicto de intereses. Cita en este esquema que Amundi Asset Management votó en estos últimos meses a favor de seis de ocho resoluciones promedioambientales -aunque no menciona en cuáles- y BNP Paribas Asset Management respaldó la reducción de impacto en el clima en las cinco resoluciones donde tuvo opción de voto.

En las próximas semanas acontecerá el grueso de las principales juntas de accionistas anuales de las grandes cotizadas y, en pleno desarrollo de la ESG y de las exigencias de reducción de impacto ambiental y descarbonización, el sentido de voto de las grandes gestoras se perfila aún más determinante.

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