El carbono marca nuevos máximos históricos tras el guiño de la ESMA

El organismo que integra a las CNMV europeas ve razones fundamentales y no especulativas en el ascenso del coste de los derechos: su origen está en la mayor demanda generada por la reactivación económica

Los precios del carbono han marcado nuevos máximos históricos esta semana, rozando los 70 dólares, después de que la European Securities and Market Authority (ESMA) descartara que la subida de los precios del mercado de futuros de carbono se deba a la especulación.

Así lo asegura en un informe enviado a la Comisión Europea sobre el funcionamiento del denominado ETS, el mayor mercado de comercio de emisiones del mundo, que solo en 2020 movió 687.000 millones de euros.

El documento fue remitido después de que el mes pasado el Comisario de Energía comunitario, Kadri Simson, revelara que solicitaría a la ESMA, el supervisor que aglutina las CNMV de los Estados miembros, que “mejorara el seguimiento” del ETS.

Una petición en respuesta a las de países como España, que pidieron una intervención en el mercado de emisiones de carbono a comienzos de octubre ante la escalada de los precios de la electricidad y el gas.

Entonces, los futuros del CO2, que vienen superando sus mejores registros a lo largo de 2021, cayeron hasta los 59 dólares por el temor a una intervención en el mercado. Este fue, además, el nivel más bajo desde finales del verano.

Ahora, el precio del carbono vuelve a cotizar en su cota histórica más alta después de acumular una subida del 15 por ciento en noviembre y tras conocerse las conclusiones de la ESMA -a la que la Comisión Europea encargó actuar de cortafuego-, que publicó sus primeras conclusiones el pasado 15 de noviembre.

Se trata de un informe preliminar y la ESMA enviará sus conclusiones finales a la Comisión Europea a principios de 2022.

La reforma del mercado de ETS es uno de los pilares del paquete ‘Fit 55’ presentado por la Comisión Europea este verano. 

Cómo se divide el mercado ETS

La ESMA apunta que el mercado de futuros de carbono se reparte prácticamente a partes iguales entre contrapartes no financieras, aquellas que adquieren contratos para cubrir su exposición al precio, y las contrapartes financieras, en la que entran empresas como los fondos de inversión, que actúan como intermediarias para aportar la liquidez.

En su análisis de posiciones abiertas, que la ESMA elaboró a partir de los datos de los informes semanales de posición respecto a los derivados, se cifra el reparto: entre un 40 y un 47 por ciento de los contratos pertenecen a contrapartes financieras, mientras que entre un 45 y un 50 por ciento correspondería a las no financieras.

Por otra parte, el organismo apunta que el porcentaje de posiciones abiertas en manos de fondos de inversión y entidades no bancarias -lo que catalogan como otras finanzas- ha tendido a aumentar en los últimos tres años. 

Se mantiene, no obstante, “en un nivel bajo”, desde el 6 por ciento de comienzos de 2018 a alrededor del incremento del 8 por ciento del tercer trimestre de este año.

“El creciente número de participantes parece estar en línea con la expansión observada [en otros mercados como la Bolsa de futuros de energía de Londres]”, apunta la ESMA.

“El aumento del número de participantes en el mercado, por sí solo, no puede tomarse como prueba de cualquier patrón de comercio desordenado o comportamiento abusivo presente en el mercado de carbono”, explica, sobre las voces que apuntaban a una especulación para hacer subir los precios. 

“El desglose de las posiciones abiertas entre las distintas categorías de contrapartes no parece haber cambiado significativamente de 2018, y está en línea con el funcionamiento esperado del mercado”, detalla.

Sin embargo, la CNMV comunitaria detalla que “seguirá analizando estas tendencias” en el futuro.

Por qué ha subido el precio del CO2, según la ESMA

En su informe, la ESMA hace un recorrido sobre los motivos que explican la subida del carbono en los últimos años. 

En enero de 2018, cuando se aprobó la reforma del mercado ETS, el precio del carbono rondaba los 10 euros, mientras que a finales del mismo año logró duplicar su cotización hasta los 20 euros. El incremento fue impulsado, de acuerdo con la CNMV europea, “principalmente por los fundamentos económicos y las decisiones políticas” de la reforma.

Los precios llegaron a marcar un máximo de 30 dólares en 2019. Ese año, la Comisión Europea elaboró el Green Deal, con una marcada hoja de ruta hacia la electrificación en esta década, y al que los críticos tildan de rígido por la presión que supone para las empresas no poder desviarse del objetivo de electrificación. 

Los máximos históricos de la electricidad, que en España alcanzarán los 228 euros este jueves, dificultan precisamente a muchos actores continuar con esa estrategia para eliminar los combustibles fósiles.

La pandemia y la paralización de la economía, sin embargo, provocó una caída de los precios del mercado de carbono, que cerró 2020 en torno a los 25 euros.

Pero la reactivación económica en 2021, según la ESMA, así como “los nuevos objetivos de reducción de emisiones en toda la UE anunciados a finales de 2020 proporcionó un nuevo impulso al mercado”.

“La demanda de servicios públicos y el aumento de los precios del gas y la energía aumentaron gradualmente el atractivo del carbón como sustituto de la producción energética. Sin embargo, al ser una fuente de energía contaminante, el carbón también requiere la compra [de futuros de CO2] adicionales, lo que está haciendo subir los precios del carbono”, explica el organismo, sobre el rally que acumula el mercado ETS este año.

El organismo apunta también que la reciente “reducción de los subsidios [activados por la pandemia] más rápida de lo previsto” y el aumento de la demanda también ha contribuido a elevar el precio del mercado de futuros de carbono.

Evalúa, además, el caso de Reino Unido, que desde mayo de este año tiene su propio mercado de emisiones que superó incluso en precios al comunitario. “Se disparó en más del 30 por ciento en septiembre, y solo recientemente ha vuelto a converger al nivel de la UE”, dice la ESMA.

Entre las explicaciones, el supervisor apunta a la baja capacidad de almacenamiento de gas del Reino Unido o al insuficiente suministro de derechos de emisión a medida que se trasladan desde el mercado comunitario al británico.

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