Deuda ligada a objetivos de sostenibilidad, ¿los ‘brown bonds’ de petroleras y automovilísticas?

Sin una regulación clara sobre las emisiones de 'transición', este tipo de bonos pueden ser una alternativa para que los sectores más contaminantes financien su transformación

Si hay algo en lo que coinciden todos los analistas es que durante 2021 volverán a marcarse récords en materia de deuda sostenible. S&P avanzaba hace unos días que auguraba emisiones por 700.000 millones de dólares a lo largo del ejercicio; su competidor Moody’s era menos optimista y moderaba esta cifra hasta los 650.000 millones.

Acierte quien acierte, la realidad es que el año ha empezado muy fuerte en este segmento y que se augura un crecimiento por encima del 30%. Durante 2020 se colocaron unos 500.000 millones en deuda sostenible, que incluye bonos verdes, sociales, ‘sostenibles’ o ligados a objetivos de sostenibilidad.

Solo la semana pasada tres empresas españolas –Caixabank, Iberdrola y Telefónica– salían al mercado con distintas emisiones englobadas bajo este paraguas.

Captaron nada más y nada menos que 4.000 millones entre las tres y las expectativas indican que estas emisiones son solo las primeras; al calor del fuerte empujón que las grandes economías desarrolladas -ahora también Estados Unidos– quieren dar a la reducción de emisiones pactada en el Acuerdo de París.

Sin embargo, mientras que los mercados esperan que estos planes de inversión den otro espaldarazo a los bonos verdes, los sectores que necesitan realizar realmente una transformaciónpetroleras y gasistas, automovilísticas, químicas o transporte aéreo– siguen sin contar con una deuda concreta que facilite su financiación.

Los sectores que necesitan una transformación no cuentan con una deuda ‘ad hoc’ para financiarse

Para estos sectores, la transición energética es especialmente crítica; no solo por el riesgo de obsolescencia de sus negocios, sino también por el ‘acoso’ que viven desde la parte del mercado que se ha alineado con el activismo climático.

El número de inversores que está dejando fuera de sus carteras además de al carbón, a las petroleras y gasistas va en aumento, en paralelo al número de firmas que se están adscribiendo al movimiento ‘cero emisiones’.

Con la declaración pública de BlackRock de que no llegar a las cero emisiones en 2050 puede suponer abandonar su multimillonaria cartera, la única vía de escape a este veto generalizado es presentar planes «claros» para dejar de ser contaminantes.

Unas hojas de ruta que, necesariamente, deberán ser financiados. Y esto es un reto para los sectores ‘señalados’, entre los que se encuentran empresas del IBEX como Repsol o Naturgylas dos incluidas en la lista de valores objetivos de Climate Action 100+-.

La deuda ‘marrón’ no despega

Aunque llevan años reclamándose, por el momento, sigue sin existir una categoría consistente de deuda de transición -los también denominados ‘brown bonds’– que permitan a los sectores que necesitan transformarse encontrar vías de financiación atractivas.

«Los mayores emisores de carbono están fuera del mercado porque no cuentan con suficientes activos limpios para emitir deuda verde», apuntan desde S&P.

«Los bonos de transición son una potencial solución para que estas compañías levanten capital y la utilicen en actividades que las ayuden a reducir su huella de carbono», añaden.

No obstante, por el momento, son colocaciones anecdóticas por una razón: que no existe una definición unificada sobre lo que es un bono de transición.

S&P espera que la deuda ‘de transición’ se haga un hueco en el mercado en 2021

Los expertos de S&P esperan que esa situación cambie a lo largo de este año y que la deuda ‘marrón’ comience a hacerse un hueco. «Creemos que estos bonos jugarán un papel mucho más importante en el mercado de deuda sostenible en 2021, particularmente si los estándares de los instrumentos de transición se vuelven más comprensibles y robustos», afirman.

Su competidor Moody’s da otra alternativa: que estas empresas recurran a los bonos ligados a objetivos de sostenibilidad, cuyo volumen de emisiones es todavía pequeño.

Para ello, como paso previo a cualquier emisión exitosa de esta modalidad, las empresas deben hacer los deberes y «definir objetivos de transición creíbles», apunta la agencia de calificación

El mercado es especialmente crítico con cualquier emisión ‘sostenible’ que venga de sectores contaminantes, por lo que trabajar con una hoja de ruta clara parece imprescindible.

El guiño de Christine Lagarde tras la guía de la ICMA

Los bonos ligados a objetivos de sostenibilidad fueron una pequeña porción de las emisiones sostenibles que se colocaron el año pasado.

Según datos de Moody’s, entre 2019 y 2020 se han vendido 15.000 millones de dólares en este tipo de emisiones (frente a los 270.000 millones en bonos verdes solo del año pasado), y la concentración de emisiones se produjo en la segunda mitad del año pasado; cuando se ‘vendieron’ 10.000 millones, en parte gracias al ‘toque mágico’ del Banco Central Europeo (BCE) y a su ‘estandarización’ técnica.

Uno de los cambios sustanciales para estas emisiones es que desde el pasado 1 de enero pueden utilizarse como colateral en las operaciones de refinanciación con la institución que preside Christine Lagarde, lo que es un aliciente para la demanda.

Este movimiento del banco central se produjo después de que en junio la International Capital Market Association (ICMA) publicara los Sustainability-Linked Bond Principles (SLBP)‘, que ha sido una decisión muy relevante para dar credibilidad a estos bonos.

«La publicación del SLBP ha sido un paso importante para formalizar las buenas prácticas ligadas a la emisión de los bonos ligados a objetivos de sostenibilidad y el incremento de las emisiones tras darse a conocer la guía sugiere que está teniendo impacto», señala Moody’s.

La matriz de Endesa, Enel, es el principal emisor de este tipo de bonos

Una de las ventajas de estas emisiones es que pueden ser utilizada por multitud de sectores, que ligan la captación de fondos al cumplimiento de una serie de compromisos en materia de sostenibilidad, entre los que podría incluirse la descarbonización.

La agencia de calificación cita a las ‘utilities’, el transporte, los materiales de construcción, la moda o las farmacéuticas como alguno de los sectores que ya se han probado estos bonos.

Por el momento, ninguna empresa española habría realizado una colocación de este perfil, aunque Endesa la está utilizando en todas sus financiaciones fuera de mercado.

Enel, su matriz, fue uno de los primeros emisores de bonos ligados a objetivos de sostenibilidad. Se estrenó en septiembre de 2019 con una colocación de 1.500 millones de dólares. Meses después repetía con otra por 2.750 y el año pasado vendía 650 millones adicionales. Es decir, ha emitido un 32% del total de colocaciones entre 2019 y 2020.

Otras empresas europeas que han probado este tipo de bonos serían Schneider Electric, LafargeHolcim, Novartis o Chanel.

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