COP 26. Lo realmente importante es lo inmediato

Reino Unido presiona para lograr acuerdos con objetivos a corto plazo. Los analistas y las agencias de calificación advierten de los riesgos, si no se afrontan objetivos ambiciosos para 2030. Uno de ellos, la mayor probabilidad de impagos

La conferencia climática se acerca a su fin con un repunte de las presiones para que se consigan acuerdos con aplicación rápida y el Reino Unido está tratando de impulsar que los compromisos climáticos se bajen al corto plazo.

En un borrador del acuerdo final de la cumbre -cuyo resultado ya se empieza a temer que va ser poco ambicioso- los organizadores proponían un compromiso a corto plazo: que los países presentaran objetivos de reducción de emisiones reforzados antes que terminara 2022.

En paralelo, después de que Estados Unidos se cayera del pacto sobre el carbón, John Kerry, enviado especial para el clima, trata de lanzar el mensaje de que la primera economía dele mundo romperá con el carbón en 2030. No es una fecha casual.

A medida que han ido pasando los días y se han ido conociendo acuerdos, también han aumentado las voces críticas que exigían compromisos a más corto plazo y concretos con la vista puesta justo en ese ejercicio -sin un recorte de emisiones fuerte en esta década la ruta a las cero emisiones en 2050 podría quedar invalidada o forzar esfuerzos mastodónticos posteriores-.

“Las promesas ‘net zero’ para 2050 no serán suficientes para cumplir con el Acuerdo de París si no están respaldadas por planes de acción claros y concretos para 2030″, apunta Samuel Abettan, desde ING.

«A pesar de los recientes avances en las negociaciones, el mundo aún no cumple con los planes de mitigación adecuados para ser coherente con sus objetivos cero neto, incluso en un escenario «optimista»», añade.

Con los pactos de Glasgow nos quedamos a la mitad del recorte necesario para estar alineados con el Acuerdo de París

Estos expertos recuerdan que en el Acuerdo de París de 2015 ya se acordó que los firmantes presentarían objetivos más ambiciosos de cara al final de esta década, porque se observaba un diferencia importante con lo que sería la hoja de ruta necesaria para alcanzar dichos objetivos.

«Varios gobiernos solo han vuelto a presentar la misma meta que en 2015 (Australia, Indonesia, Rusia, Singapur, Suiza, Tailandia, Vietnam), o presentaron un objetivo aún menos ambicioso (Brasil, México). Algunos no han hecho ninguna presentación nueva (Turquía o Kazajstán), e Irán aún tiene que ratificar el Acuerdo de París», repasa ING.

«Incluso con los nuevos compromisos adoptados en Glasgow, en 2030 se emitirá aproximadamente el doble de las emisiones necesarias para mantener el calentamiento global en los 1,5º», valora. «Por lo tanto, todos los gobiernos deben reconsiderar sus objetivos», insiste.

Consecuencias financieras

Las consecuencias de no ser ambiciosos con los objetivos de 2030, además, tendrán impactos significativos a nivel financiero. De acuerdo con Moody’s, si se impone la inacción contra el cambio climático entre las empresas esta década, la probabilidad de impago en todas las geografías y en todos los sectores podría incrementarse un 10 por ciento hasta 2050.

Moody’s advierte que si no actúa pronto el riesgo de impago puede aumentar un 10% en todos los países y sectores

Las expectativas para industrias concretas -como las utilities– serían mucho más negativas, ya que doblarían su probabilidad de impago. Pero no serían las únicas. «Los sectores más expuestos verían aumentar su riesgo de impago bastante por encima de sus máximos tomando como referencia 30 años de datos históricos», adelanta la agencia de calificación crediticia.

Moody’s también insiste en la necesidad de que las compañías sean transparentes y ofrezcan un escenario claro sobre cómo les impacta el cambio climático.

De acuerdo con la agencia de calificación, en este momento solo el 13 por ciento de las grandes empresas publican un análisis que ofrezca suficiente información para comprender como el cambio climático impacta en su negocio.

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