BlackRock amplía la carta de Fink: estas son punto a punto sus exigencias medioambientales

El primer inversor del mundo quiere que el conjunto del consejo de administración se implique en la estrategia contra el cambio climático

BlackRock ha ampliado este miércoles las indicaciones adelantadas por su consejero delegado, Larry Fink, en su carta anual. El mayor inversor del mundo ha dado a conocer lo que se podría considerar como una guía avanzada sobre exactamente qué reclama a las empresas en las que participa en relación a la lucha contra el cambio climático y a su alineación con el Acuerdo de París.

Sobre la base de «informar para comprometer», BlackRock profundiza en algunas de la ideas y las obligaciones a la hora de emitir información y es especialmente insistente en que se exigirá desvelar tanto el impacto de las empresas en el medio ambiente, como los objetivos claves de reducción de emisiones.

Esta hoja de ruta parece realmente importante, teniendo en cuenta que Fink ha dejado la puerta abierta a desinvertir de aquellos valores que incumplan sus requerimientos en esta materia.

«Específicamente, esperamos que las empresas divulguen las emisiones ‘scope 1’ y ‘scope 2’ y los objetivos de reducción de gases de efecto invernadero que las acompañan», apuntan en su nueva guía. «Las empresas de industrias intensivas en carbono también deben divulgar las emisiones ‘scope 3′», añade.

De acuerdo con las categorías establecidas por ‘Greenhouse Gas Protocol’, las emisiones incluidas en el ‘scope 1’ son aquellas de las que la compañía es responsable de manera individual; en el ‘scope 2’ se integran aquellas relacionadas con un consumo que se genera durante el proceso de producción -como la electricidad-; mientras en que el ‘scope 3’ se integran todas las emisiones secundarias, con las que están relacionadas, pero sobre las que no tienen control. Esta última cifra suele ser la más significativa.

BlackRock señala que, con esta última demanda, pretende desnudar el volumen de emisiones real generado por el sector del gas y del petróleo, para tratar de crear una conciencia real a los inversores sobre su verdadero alcance, como un impulsor para acelerar la transición energética.

La firma de inversión norteamericana cree que reducir la disponibilidad de estas fuentes, también tendrá un efecto acelerador sobre las industrias relacionadas.

«La viabilidad de estas fuentes de combustible también se verá disminuida a medida que empresas dentro de la cadena de valor del transporte y la energía, como la industria, los fabricantes de automóviles o las ‘utilities’, aceleren en el diseño de los sistemas de propulsión de baterías, eléctricos y de hidrógeno para mitigar aún más las emisiones», apunta.

De hecho, para el inversor, la cadena de proveedores es un punto clave para lograr la descarbonización de la economía.

BlackRock, no obstante, reconoce que no llevará la misma velocidad en todos los países y avanza que será menos exigente con las empresas presentes en los países en vías de desarrollo.

Un mensaje directo al consejo de administración

Siguiendo el modelo de la carta a los consejeros delegados (CEO) de Larry Fink, la firma de inversión interpela directamente a los consejos de administración y equipos directivos de las empresas en las que participa, a las que facilita unos puntos claros de lo que se espera de ellas.

El primero, es que deben trabajar en un perfil que desvele la compatibilidad del negocio con una economía baja en carbono; un dibujo en el que BlackRock espera que se incluyan todos los datos de impacto anteriores y que sería algo parecido a un ‘test’ de estrés’ climático para cada empresa.

BlackRock quiere una implicación del conjunto del consejo en materia de sostenibilidad

El inversor quiere una implicación -y especialización- del consejo en materia de sostenibilidad y pide que el conocimiento de los asuntos climáticos se extienda a todos los componentes del órgano de gobierno. Rechaza, por tanto, que las empresas se parapeten tras la figura de un único «experto».

No obstante, su nivel de exigencia será distinta dependiendo del sector, y puntualiza que el nivel de conocimiento de temas climáticos exigible al consejo también estará adaptado al tipo de negocio.

Por otra parte, exige a las empresas dar a conocer una serie de puntos concretos: los riesgos de mitigación, las ventajas en eficiencia que se pueden obtener al progresar en la reducción de carbono, o las oportunidades de innovación.

Concretamente, BlackRock espera que las empresas adopten una postura proactiva a favor de las tecnologías que sirvan para reducir su impacto en el medio ambiente.

Comunicación de datos estandarizada

Tal como avanzó Fink, BlackRock espera que las empresas cotizadas adapten su publicación de esta información a una serie de estándares, como son el modelo de la Task Force on Climate related Financial Disclosures (TCFD) y la Sustainability Accounting Standards (SASB).

Aunque las empresas europeas también se tendrán que adaptar a los requerimientos que incluya la Directiva de Información No Financiera que se encuentra en revisión, la demanda de BlackRock enlaza con la necesidad de que la información sea comparable; algo que se está convirtiendo en uno de los principales temas de debate, mientras que se perfilan distintos modelos de ‘reporting’.

Al igual que la información financiera, sin una guía común con la que ofrecer información, se producen divergencias en la calidad y en los datos que aporta cada entidad. Algo que, por ejemplo, se nota cuando se compara la información no financiera de la banca española.

Por ahora, la penalización que aplicará el gigante a aquellas empresas que no presenten un plan creíble de descarbonización con objetivos a corto y a medio plazo –muchas del IBEX no estarían preparadas-, será un voto en contra del consejero que asuma la responsabilidad en materia de sostenibilidad.

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