¿Puede estar la COVID-19 potenciando el ‘capitalismo de stakeholders’?

La pandemia ha generado la oportunidad de que las empresas reorienten sus prioridades

El tradicional imperativo empresarial que defiende la maximización del valor para el accionista a corto plazo está cada vez más cuestionado.

Las empresas han decidido abrazar el llamado ‘capitalismo de stakeholders’, centrándose en la creación de valor a largo plazo enfocada en sus grupos de interés (clientes, empleados, la sociedad y el entorno en general), en lugar de únicamente tener en cuenta el valor a corto plazo para los accionistas.

La pandemia de la COVID-19 está jugando un papel acelerador en este proceso de cambio, con el apoyo decisivo que los gobiernos han dado a las empresas que se han embarcado en mejorar las expectativas de Responsabilidad Social Corporativa,  tal y como recoge un reciente informe de S&P Global Ratings titulado “Capitalismo de grupos de interés: Alineando la creación de valor con la protección de los valores”.

El aumento de la inversión sostenible y el creciente escrutinio que los mercados hacen de los factores ESG (Environment, Social and Governance) están ejerciendo tanto una revisión de los objetivos de las compañías como preguntándose sobre dónde empiezan y terminan sus responsabilidades con la sociedad.

La inversión socialmente responsable ha generado que las compañías revisen sus objetivos

Es necesario encontrar un equilibrio y un compromiso que satisfaga las necesidades y sirva a los intereses de todas las partes. El objetivo: crear valor compartido y sostenible a largo plazo para todos.

Ya no se trata solo de maximizar las ganancias para los accionistas, sino de perseguir un propósito más integral, alineando los valores de las empresas con los de la sociedad. Este «valor», sin embargo, es difícil de medir, lo que limita su efectividad operativa actual.

Urge una estandarización de la divulgación no financiera

Para garantizar una mayor transparencia y responsabilidad es necesario mejorar y estandarizar la divulgación no financiera en torno a diferentes métricas.

Ignorar factores externos como el calentamiento global, la creciente fragmentación social o la conflictividad puede ser contraproducente para el entorno operativo y la rentabilidad a largo plazo de una empresa.

Los continuos cambios de expectativas de los grupos de interés respecto a las compañías pueden tener consecuencias comerciales y financieras tangibles. Por ello, el equilibrio entre los intereses de las diferentes partes se ha vuelto delicado.

La pandemia habría actuado como un estímulo impulsando las exigencias en torno a la sostenibilidad, pero también, indirectamente, generando una oportunidad para que las empresas reorienten sus prioridades de acuerdo con las expectativas que el mercado tiene en este sentido.

Aún cuando no sabemos hasta qué punto el impacto del COVID-19 provocará cambios fundamentales duraderos, es probable que la gestión eficaz de los grupos de interés sea cada vez más importante para que las empresas operen con éxito en un mundo caracterizado por finanzas públicas debilitadas, cicatrices sociales y degradación medioambiental.  

Pese a ello, seguirá siendo difícil medir el valor que genera una empresa para  los diversos grupos de interés.

Un buen ejemplo del crédito que ha alcanzado el capitalismo de los grupos de interés lo tenemos en el crecimiento de la inversión sostenible.

Se ha demostrado que las compañías con un mayor enfoque en temas de sostenibilidad logran reducir costes y mejorar la productividad, al tiempo que mitigan riesgos y generan nuevas oportunidades de crecimiento.

Un desempeño decidido en políticas de sostenibilidad puede también fortalecer la resiliencia corporativa. En este sentido, un informe publicado por Bank of America Merrill Lynch sugiere que la integración de iniciativas ESG y una mayor participación de los grupos de interés podrían ayudar a prevenir el 90% de las quiebras.

Según Bank of American Merril Lynch, las iniciativas ESG y la participación de los stakeholders prevendría el 90% de las quiebras

La crisis del COVID-19 ha agudizado el enfoque en la creación de valor para los grupos de interés. La pandemia ha reafirmado la importancia de los riesgos relacionados con la sostenibilidad y los profundos vínculos existentes entre las empresas y sus ‘stakeholders’ en todos los eslabones de la cadena de valor.

En respuesta a la pandemia, los gobiernos han brindado un apoyo esencial a las empresas para evitar el colapso económico.

Ahora, se espera que las empresas inviertan más en la salud y el bienestar de los empleados, protocolos de seguridad, ciberseguridad y las garantías para la continuidad del negocio.

Si antes hablábamos de las dificultades para encontrar métricas que reflejen el valor generado con este nuevo enfoque, debemos referirnos también a otro capítulo importante: la rendición de cuentas.

Los líderes empresariales y el sector privado deben tomar parte

Siguiendo este enfoque, se puede plantear la cuestión en torno a la responsabilidad de los problemas ambientales, sociales y económicos, y cómo estos pueden terminar siendo abordados por líderes no elegidos democráticamente.

De hecho, las empresas podrían argumentar que están pagando impuestos a los gobiernos para que aborden estos mismos asuntos.

Los empleados quieren ver al CEO y a la empresa posicionándose sobre temas que son importantes para ellos, promueven el cambio social e impulsan el progreso de las comunidades donde operan.

Para que se produzca un verdadero cambio la intervención de los gobiernos no es suficiente, se hace necesaria la participación del sector privado y de sus líderes.

En conclusión, se están redefiniendo los objetivos de las corporaciones empresariales.

El propósito es aumentar la resiliencia económica y social acelerando la economía y las sociedades inclusivas, al tiempo que se configura un nuevo concepto de integración económica y revolución digital.

Este enfoque inclusivo y holístico es crucial en la situación actual con altas tasas de desempleo y numerosos cierres empresariales.

Los valores que adopta una empresa pueden ser tan importantes como el valor que genera. Desde la perspectiva de los grupos de interés, los dos están estrechamente vinculados.

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