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Los argumentos de los bancos centrales para exigir un papel protagonista en la lucha por el clima

Un informe de 89 bancos centrales examina cómo la crisis climática plantea riesgos financieros para las operaciones de política monetaria y defiende su capacidad para alentar la transición energética

Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo (BCE)

La pandemia del Covid-19 ha propiciado una respuesta en políticas monetarias sin precedentes por las autoridades, que han sacado toda su artillería para hacer frente a la crisis económica, social y sanitaria, cuyo fin se atisba más cercano tras la llegada de las vacunas. Al mismo tiempo, el cambio climático continúa siendo una amenaza tan urgente y fundamental para la prosperidad mundial y bienestar colectivo de la que, sin embargo, es difícil ver luz al final del túnel.

Con estos potentes argumentos, toda una nueva generación de banqueros centrales, agrupada en la Red de Bancos Centrales y Supervisores para la Ecologización del Sistema Financiero (NGFS, por sus siglas en inglés), considera que «ha llegado el momento de actuar» y que la reflexión del riesgo relacionado con el clima en los métodos de supervisión y macroprudenciales siga unos pasos similares en las operaciones de política monetaria.

«Los riesgos climáticos ya no están más allá el horizonte, ya se están materializando», sostiene este grupo, que congrega a 89 bancos centrales y supervisores, entre los que se incluye el Banco Central Europeo y la Reserva Federal de Estados Unidos; en un informe técnico, ‘Adaptando las operaciones de los bancos centrales a un mundo con más calor’, publicado este miércoles.

El informe examina las implicaciones del cambio climático para las operaciones de los bancos centrales e incluye marcos para la implementación de la política monetaria en términos prácticos. En base al entendimiento común de sus miembros, el análisis pretende ofrecer una guía para que los bancos centrales decidan, considerando sus mandatos específicos, la mejor manera de reflejar los riesgos climáticos en su marco operativo.

Busca ofrecer una guía para que los bancos centrales decidan cómo reflejar los riesgos climáticos

Los riesgos financieros relacionados con el clima podrían tener un impacto directo tanto en las contrapartidas de los bancos centrales como en los activos financieros utilizados como garantía para operaciones de crédito o para compras directas, advierte el análisis.

En este sentido, el informe destaca que los shocks relacionados con el clima podrían generar pérdidas para los balances de los bancos centrales y, en casos extremos, podrían incluso afectar la implementación fluida de la política monetaria al exponer diversas transmisiones de la política monetaria canales a los impactos de los riesgos físicos y de transición.

Cómo apoyar la transición hacia las cero emisiones

En este informe, los miembros de la Red de Bancos Centrales y Supervisores para la Ecologización del Sistema Financiero han llegado a un consenso de que los bancos centrales deberían evaluar cuidadosamente las medidas de gestión de riesgos adicionales apropiadas para proteger sus balances frente a la situación financiera riesgos provocados por el cambio climático. Sin embargo, todavía no hay consenso entre los bancos en cuanto a qué ajustes relacionados con el clima serían los óptimos.

«Cuando entre en sus competencias políticas, los bancos centrales también podrían considerar ir más allá y asegurarse de que sus operaciones de política monetaria no socavan la transición a una economía de bajas emisiones de carbono y explorar formas en las que pueden apoyar activamente esa transición», sostiene el informe.

El alto coste de esperar

En cualquier caso, el análisis es tajantemente negativo en cuanto a la opción de retrasar las actuaciones por las carencias de información. Esgrime que los bancos centrales deben ser conscientes del riesgo de que actúen temprano con información imperfecta podría ser menos costoso que actuar solamente una vez que ya se hayan conseguido estándares de datos más sólidos.

Según la evidencia científica en que se basa este análisis, no tomar ninguna medida «no se considera una opción sostenible» dados los impactos sistémicos del cambio climático en la economía real, en el riesgo financiero, sobre los precios de mercado y, por tanto, sobre la conducta de política y en los marcos de política monetaria.

Sin sustituir a los gobiernos

El informe recuerda que los gobiernos de cada país tienen una mayor gama de herramientas y políticas disponibles para prevenir y mitigar riesgos relacionados con el clima que sus bancos centrales, por lo que son estos los responsables del diseño y la conducción nacional y también de políticas climáticas internacionales. Sin embargo, la NGFS insiste en que para cumplir sus mandatos, los bancos centrales deben revisar su marco operacional para que sea resiliente frente a los riesgos climáticos.

Los banqueros se niegan a ser meros espectadores en la transición a una economía neta cero

«Aunque no podemos asumir las tareas de los gobiernos, tampoco podemos ser meros espectadores en la transición a una economía neta cero. Es nuestra responsabilidad asumir el desafío que enfrentamos como instituciones públicamente responsables, al servicio de nuestras sociedades», asegura Frank Elderson, vicepresidente del Consejo de Supervisión del Banco Central Europeo y presidente de la red NGFS.

Esta reflexión es similar a la que en otras ocasiones ha defendido Christine Lagarde, presidenta del BCE, y que recientemente ha apoyado públicamente Pablo Hernández de Cos, gobernador del Banco de España.

El gobierno británico ya ha dado el salto y ha modificado el mandato del Banco de Inglaterra para que utilice su artillería monetaria a favor de la descarbonización de la economía.

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