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La factura para reducir el impacto ambiental de la industria naviera: 675.000 millones

El sector asume las dificultades de su descarbonización y aspira a reducir sus emisiones contaminantes en un 50 por ciento en 2050

Industria marítima. Transporte. Imagen de Unsplash

Descarbonizar todos los eslabones de la cadena no es sencillo. En algunos casos, porque no es viable una electrificación de los procesos. En otros, por el coste de apostar por combustibles con menor impacto medioambiental.

Así le ocurre a la industria de la aviación y, también, a la naviera. Esta última acaba de desvelar cuáles son los elevados márgenes que bajara para hacer frente a una reducción de emisiones de gases con efecto invernadero que, de verdad, sea significativa.

Esa factura puede situarse en un amplio margen, entre los 200.000 y los 800.000 millones de dólares. Es decir, entre 170.000 y 675.000 millones de euros al cambio actual, según un estudio elaborado por DNV Maritime y recogido por la agencia Bloomberg. 

Reducción de emisiones

Ese sería el ‘precio’ para cumplir con las expectativas de reducción de emisiones de CO2 que contempla la Organización Marítima Internacional (OIM), de un 50 por ciento de cara a 2050 y en comparación con las cifras que se alcanzaban en 2008. 

Una meta que pone de relieve las dificultades de lograr la plena descarbonización de este sector a mitad del presente siglo, cuando potencias económicas, como la Unión Europea, se han marcado el reto de lograrlo.

Respecto a esa elevada inversión requerida por la industria naviera en su transformación medioambiental, esta depende de los diferentes procesos que se pongan en marcha, desde la tecnología de los buques en sí, pasando por la transformación de los motores o la eficiencia energética de los combustibles que emplea.

De hecho, es este último aspecto el que puede ser más significativo en costes para los operadores del sector, que pueden llegar a alcanzar hasta el 85 o el 95 por ciento de los costes adicionales, según el citado estudio. 

Alternativa en el hidrógeno verde

Hay que recordar que tanto la Unión Europea, como Estados Unidos o los gigantes petroleros chinos están acelerando sus inversiones en hidrógeno verde como carburante alternativo que, precisamente, puede tener en la industria naviera a uno de sus principales beneficiados potenciales.

En el caso del megaplan inversor en hidrógeno verde elaborado por Bruselas, la factura puede alcanzar de aquí a mitad de siglo los 470.000 millones de euros, en fondos tanto públicos como privados.

A escala global, la inversión prevista en hidrógeno ‘eco’ es igual de significativa. En concreto, según estimaciones de Bloomberg, las iniciativas vinculadas a la fabricación, transporte y almacenamiento de hidrógeno pueden alcanzar entre 14 y 66 billones de dólares de cara a las próximas décadas.

Carrera por no dañar los márgenes

En el caso de la industria naviera, según el citado informe, adelantar el calendario -es decir, marcar una fecha de descarbonización más temprana como 2040- tampoco cambiaría en exceso las necesidades de inversión previstas, que se modificarían levemente, entre 218.000 y 778.000 millones de dólares. 

A partir de este escenario el sector entrará en una carrera hacia la transformación que, dada la exigente inversión que se requiere, puede beneficiar a los operadores que antes hagan sus deberes. En gran medida, porque  aún queda mucho terreno por recorrer.

Solo el 12 por ciento de las nuevas construcciones de buques están enfocadas hacia el uso de combustibles bajos en emisiones. 
Además, actualmente, las alternativas que se usan con emisiones más reducidas están enfocadas en el gas natural, que no es neutro en carbono.

Por ello, el sector asume que el giro hacia un modelo de transporte más eficiente en emisiones, de entrada, derivará en un aumento de costes.

De ser así, este cambio en el modelo de transporte internacional, con costes de operaciones más altos, podría derivar en una espiral inflacionista del comercio. Una opción que, por ello, requiere que las inversiones en esos combustibles fósiles se aceleren para lograr que su uso se generalice en el menor tiempo posible.

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