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El ensordecedor silencio de China en la COP

Durante esta edición, la actitud del gigante asiático, considerado ya el país más contaminante, contrasta con las de anteriores cumbres, donde fue mucho más proactivo

El presidente de China, Xi Jinping no ha comparecido junto con las docenas de líderes mundiales que estuvieron presentes para inaugurar la COP26, la conferencia sobre el clima organizada por Naciones Unidas en Glasgow (Escocia), que finalizó este viernes. 

Asimismo, China envió una delegación mucho más reducida de lo habitual y guardó un inusitado silencio durante la primera semana de reuniones. En las escasas declaraciones realizadas por sus dirigentes, mayoritariamente se han mostrado contrarios a las peticiones de reducir las emisiones con más rapidez.

La segunda mayor economía del mundo se ha mantenido al margen de los pactos para combatir el metano, un gas de efecto invernadero muy potente, y reducir la financiación de los combustibles fósiles, dos medidas que contaron con un amplio apoyo y que probablemente acabarán siendo uno de los mayores logros de toda la cumbre.

Ha dado un paso adelante en su acuerdo ‘bilateral’ con Estados Unidos, comprometiéndose a avanzar a lo largo de esta década y colaborar con la primera economía del mundo en cumplir con el Acuerdo de París.

El escaso compromiso del gigante contrasta con la hiperactividad de otros líderes. Joe Biden, presidente de los Estados Unidos, acudió en persona a la cumbre para anunciar la vuelta de Estados Unidos tras cuatro años de ausencia de la diplomacia climática. 

El primer ministro de la India Narendra Modi ha recibido elogios por la inesperada promesa de reducir a cero las emisiones del gigante emergente para 2070. Por el contrario, Xi remitió una breve nota reiterando la postura de su país. «Los países desarrollados no solo tienen que hacer más en sus propios países, sino que también tienen que ofrecer apoyo a los países en desarrollo para ayudarles a hacer las cosas mejor», señala.

China defiende que sus emisiones deben compararse con las de los países que se industrializaron antes

Esta postura refleja la posición que mantiene China desde hace tiempo de que sus emisiones deben evaluarse en comparación con la contaminación histórica de las principales economías que se industrializaron antes, como Estados Unidos y el Reino Unido. En menos de tres décadas, las emisiones acumuladas de dióxido de carbono de China superarán las de Estados Unidos, según el proyecto Inevitable Policy Response, si no cambian las cosas.

En otras palabras, a mediados de siglo, China se convertirá en el mayor emisor de la historia si no hace algo más por frenar su nivel de contaminación actual. 

China, líder en emisiones per cápita

China ya ha superado a otros gigantes históricos de las emisiones de carbono según otras métricas. Los datos del Grupo Rhodium demuestran que las emisiones per cápita hace años que superan las de Europa. Entre tanto, el año pasado, las emisiones de China aumentaron por encima de la media de todos los países desarrollados.

Las emisiones de casi todos los demás países están en torno a los niveles anteriores a la pandemia o por debajo de los mismos, pero las de China se dispararon en el primer semestre del año, según el Presupuesto Global del Carbono.

La política actual, anunciada por sorpresa el año pasado, establece un plan para que China alcance el pico de emisiones en 2030 en su hoja de ruta hacia la neutralidad del carbono en 2060.

China considera que estos objetivos son la reducción más drástica jamás intentada, por lo que, desde su punto de vista, el resto de países no debería exigir más. «Tenemos que ser realistas y pragmáticos», afirma el principal negociador chino sobre el clima, Xie Zhenhua, en una breve sesión informativa, según la agencia estatal de noticias Xinhua. Los planes de China son «ya ambiciosos», afirma. 

China lleva tiempo argumentando que sus objetivos actuales están suficientemente en línea con la COP26. Ye Min, viceministro de Medioambiente del país, declaró a finales de octubre que «la incapacidad de las naciones desarrolladas para financiar a los países más pobres y ganarse su confianza se ha convertido en el principal obstáculo para poder hacer frente al cambio climático».

Ese déficit de financiación se ha convertido en una cuestión delicada en las negociaciones de Glasgow, pero China no está entre los países en desarrollo que necesitan ayuda de la ONU. El país ya es líder mundial en capacidad renovable y acaba de poner en marcha un proyecto de 100 gigavatios en el desierto.

China ha optado por tratar de pasar inadvertida, sin pabellones oficiales y sin reuniones con prensa

El problema es que los compromisos de China en materia climática son selectivos y condicionales, afirma Martin Thorley, investigador de posdoctorado de la Universidad de Exeter. «A los dirigentes les gustaría ser considerados líderes mundiales en materia de clima en ciertos aspectos, como la tecnología», afirma. «Pero mantienen muchos recelos en lo que respecta a las obligaciones internacionales que podrían restringir sus opciones». 

Hay señales sutiles de que China no ha querido llamar la atención en la COP26. A diferencia de otros años anteriores, no hubo ningún pabellón fomentado por los gobiernos en el que los negociadores puedan establecer contactos con delegados y observadores.

El equipo de China únicamente ha celebrado una reunión informativa de perfil bajo con los medios de comunicación estatales y algunas organizaciones extranjeras seleccionadas por su embajada británica.

Un cambio de perfil

En cierto modo, el compromiso minimalista de este año es un paso atrás respecto de la cumbre del clima de Copenhague de 2009, cuando los medios de comunicación occidentales culparon a su delegación del fracaso.

El malestar por la mala publicidad acabó por empujar a China a ser más constructiva, afirma Sam Geall, director ejecutivo en funciones de la organización sin ánimo de lucro China Dialogue y miembro asociado de Chatham House.

Aquel proceso culminó con el Acuerdo de París en 2015, cuando un acuerdo bilateral entre Estados Unidos y China allanó el camino para un acuerdo mundial histórico para mantener las temperaturas bajo control.

Geall recuerda la apertura sin precedentes de la delegación china en 2015. Los dirigentes del país aceptaron gustosamente contestar a las preguntas de los medios de comunicación en el pabellón de China. «Es muy lamentable que China haya reducido tanto su presencia», afirma.  

Algunos observadores del clima de China han sugerido que los líderes del país están más preocupados por aplicar medidas en casa que por ganarse los elogios de la COP26.

«Cuando los diplomáticos chinos observan este tipo de afirmaciones y declaraciones, la pregunta que se hacen es hasta qué punto se trata de relaciones públicas que reflejan la falta de ambición sustantiva que subyace en los titulares del momento», afirma Li Shuo, analista del clima de Greenpeace Asia Oriental. «

Si prometer demasiado y no cumplir se convierte en una tendencia en la política climática mundial, se puede perdonar el cinismo de Beijing», añade.

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