El desempleo juvenil y la precariedad laboral lastran la nota ESG de España

Nuestro país queda rezagado en los aspectos sociales respecto a Francia o Alemania, de acuerdo con Moody's, que advierte que esto puede perjudicar a la economía

La evolución en cuestiones ESG (Environmental, Social & Corporate Governance) no sólo es relevante para las empresas cotizadas y para los grandes inversores institucionales que quieren tener unas carteras de productos basados en la sostenibilidad y la responsabilidad social. También los estados -y sus gobiernos- tienen que tener en cuenta estos aspectos si no quieren ver un impacto en sus rating soberanos.

La agencia de calificación Moody’s ha publicado este lunes sus puntuaciones en cuanto al impacto crediticio de las cuestiones ESG (Credit Impact Scores o CIS). Estas puntuaciones miden el impacto de estos tres conceptos ligados a la sostenibilidad en los distintos estados bajo la lupa de la firma.

Y España, como la mayoría de países europeos, sale bien parada en las cuestiones ligadas al buen gobierno y al medio ambiente; pero no tanto en lo relativo a los criterios sociales: en la S de la ESG.

Hay que tener en cuenta que esas cuestiones sociales se han colocado en el foco de la gestión ESG a lo largo de los últimos meses, como consecuencia de la pandemia; también para las compañías y para las firmas de inversión y financieras.

Un creciente enfoque social que, por ejemplo, se ve reflejado en nuevos productos, en los que se busca una mayor vinculación entre las inversión y las mejoras tangibles en las sociedades en las que operan. Así lo señalaba, por ejemplo, a SOCIAL INVESTOR el responsable de Renta Fija de BME, Gonzalo Gómez Retuerto.

España ‘tropieza’ en esas cuestiones sociales en aspectos estrechamente ligados a su mercado laboral y a problemas que arrastra desde hace años.

Moodys apunta, en el caso de nuestro país [con una calificación Baa con perspectiva estable] “el elevado desempleo juvenil y de larga duración (un 33% de desempleo para las personas de 15 a 24 años, en 2019, antes de la pandemia) y una alta incidencia de contratos laborales precarios y de corta duración”.

Dos problemas que, afirma Moody’s “plantean riesgos”, aunque no indica a cuáles se refiere. En cambio, apunta que “el Gobierno está abordando estos problemas”.

Esta valoración de Moody’s llega sólo unos días después de que la agencia de calificación asegurara sobre España que “los altos niveles de deuda, unidos a un crecimiento intermitente, intensifican el riesgo y el potencial impacto de otro ‘shock’, sobre todo si se debilita la confianza de los inversores en países que tienen que refinanciar grandes cantidades de deuda”. Y, a las puertas, además, de nuevas emisiones, como el primer bono verde español, previsto para el cuarto trimestre del año.

¿Qué notas ESG pone a España?

La agencia de calificación establece las puntuaciones relativas al Credit Impact Scores en ESG en función de una escala de cinco puntos. En ella, el 1 es la nota más alta (que denomina como positivo); el 2, neutral o bajo; 3 es moderadamente negativo; 4 es altamente negativo; y 5, muy altamente negativo.

Y las notas ESG de España, según esta escala de Moody’s, corresponden a un 1 (la mejor calificación) en buen gobierno; un 2 (la segunda mejor nota o neutral) en cuestiones medioambientales: y un 3 (moderadamente negativo) en las calificaciones sociales.

Moody’s apunta el elevado desempleo juvenil y de larga duración en España, ya previo a la crisis del Covid

Estas valoraciones en la S de la ESG, sitúan a España, por detrás de Francia o Alemania; dado que a ambos otorga un 2 en cuestiones sociales; pero por delante de Italia o de Grecia, a las que da un 4 (altamente negativo); y al mismo nivel que Portugal.

En conjunto, a España le otorga un CIS-2, el mismo que el de Francia o Reino Unido; pero por detrás del CIS-1 de Alemania o Irlanda.

Rezagada en la S…

Moody’s ahonda en cuanto a las notas en cuestiones sociales y para España, las peores son las relativas a la evolución demográfica y al mercado laboral (donde da un 4, en ambos casos). Notas que van mejorando a un 3  en educación, a un 2 en mercado laboral y en cuestiones sanitarias; y a un 1 -la mejor calificación- en lo relativo al acceso a servicios básicos.

“El riesgo social tiende a ser moderado o altamente negativo”, explica Moody’s en su informe al hablar de cómo el conjunto de las calificaciones no son excesivamente positivas, a escala general, en lo relativo a la S de la ESG.

Unas notas que están, de nuevo, relacionadas a cuestiones laborales y de evolución de los sueldos, el mercado de la vivienda y el acceso de los ciudadanos a servicios esenciales, como los sanitarios, explica.

En el caso de las economías avanzadas, como las europeas, esta evolución de la S puede ser un lastre para el crecimiento económico, para la evolución de las finanzas públicas, así como para el mercado laboral. Una desigualdad “real o percibida”, apunta, que puede crear tensiones y determina la evolución política.

… pero buenas notas medioambientales

En las cuestiones medioambientales, España se queda a un paso del mejor escalón. Moody’s le otorga la segunda mejor nota (2 o neutral) en todos los aspectos que analiza vinculados a la E de la ESG.

Se trata de cinco aspectos: el riesgo climático, la transición en las emisiones de carbono, gestión de recursos naturales (como el agua), así como la contaminación y la gestión de residuos. Y en todos estos aspectos, a España le da ‘score’ 2 o el citado neutral.

Es, exactamente, la misma valoración que realiza de Francia, del Reino Unido o de Italia, por ejemplo.

“El riesgo medioambiental es, a menudo, moderadamente negativo o neutral, en el mejor de los casos”, explica Moody’s en cuanto al análisis global. “Mientras que las economías avanzadas tienen esta exposición medioambiental neutra, alrededor de un 40% de los países emergentes la tienen altamente negativa, o muy alta”, diferencia la agencia de calificación.

Esta exposición refleja la gestión en cuestiones medioambientales de los mercados avanzados, que afrontan la descarbonización de sus economías y la reducción de emisiones contaminantes de cara a 2050.

Además, recuerda Moody’s, refleja también la propia gestión de los gobiernos en desarrollo, más débiles y menos resilientes en términos financieros. Además, muchos de estos países aún tienen una alta dependencia de los combustibles fósiles.

Y en buen gobierno

En cambio, en buen gobierno, la calificación es positiva. España saca la mejor nota en tres de las cuatro cuestiones relacionadas con la gobernanza. En tres de los cuatro aspectos analizados, España obtiene la mejor calificación de Moody’s: un ‘score’ 1.

Estas notas abarcan algunos de los aspectos clave del riesgo país, como la calidad de las instituciones públicas, la efectividad de sus políticas, o la transparencia.

La peor nota de España en la G de la ESG es en lo relativo a la gestión presupuestaria, donde le otorga un ‘score 2’ o neutral.

Otros países de nuestro entorno (como Francia, Alemania o Italia) obtienen un ‘score 1’ en los cuatro aspectos analizados en buen gobierno. Portugal, en cambio, obtiene, exactamente, la misma calificación que España.

“El buen gobierno es una fortaleza para la mayoría de las economías avanzadas”, justifica Moody’s. Y no lo es tanto para lo países emergentes. En el caso de los primeros, “contribuye directamente a un impacto de calificación positivo en la ESG y refuerza la resistencia a los riesgos ambientales o sociales”. Es decir, es un punto fuerte para mejorar esas calificaciones ligadas a la sostenibilidad de los países.

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