¿Qué son los criterios ESG y por qué son importantes para las empresas?

Los criterios ESG hacen referencia a los tres aspectos que se miden en el ámbito de la inversión socialmente responsable: el respeto por el medioambiente, los factores sociales y la buena gobernanza

Su nacimiento y definición son fruto del encuentro entre dos realidades: por una parte, la evolución del modelo empresarial en el que la rentabilidad deja de ser el único indicador para medir la idoneidad de una actividad económica y por otra parte el aumento de personas que tienen la determinación de aplicar su visión ética a los distintos ámbitos de su vida, incluido el financiero.

La rentabilidad deja de ser el único indicador para medir la idoneidad de una actividad económica

Esta visión, vinculada también a la madurez del concepto de responsabilidad social corporativa, plantea desafíos al mismo tiempo que oportunidades al respecto de cada uno de los criterios contemplados, que pueden marcar una nueva era para las empresas que sepan ser líderes en ella.

Desde que se comenzaran a aplicar en los años 60, con la exclusión de las inversiones de ciertas industrias como la producción de tabaco, hasta los días de hoy, su definición ha evolucionado en los tres aspectos que se consideran.

E de environmental (medioambiente)

Los criterios relacionados con el medioambiente son quizá los más instalados en nuestra cultura empresarial. Se han considerado cuestiones tangenciales de la actividad económica, pero la sensibilidad ha crecido hasta convertir la gestión de los factores ambientales en un elemento clave de esta nueva perspectiva.

El riesgo climático, las emisiones de carbono y la escasez de agua u otros recursos naturales son los factores que han colocado en primer plano la “E” de ESG, dado que han pasado de ser amenazas distantes a un riesgo real para la evolución económica.

El factor medioambiental analiza la divulgación medioambiental, los esfuerzos de una empresa en reducir las emisiones de carbono, la gestión del agua, los residuos y la contaminación, el uso de la tierra, la biodiversidad y el impacto en general que su actividad tiene en el entorno físico.

Quizá durante décadas la única motivación de una empresa para controlar el efecto medioambiental de sus operaciones fueran las repercusiones penales, las sanciones regulatorias o el perjuicio para su reputación, sin embargo no mostrar la necesaria preocupación por la huella ambiental alejará a futuros accionistas y a largo plazo devaluará la acción.

S de social (social)

Los factores sociales a considerar en la perspectiva ESG incluyen las fortalezas y debilidades que muestra una empresa al gestionar las cuestiones sociales, laborales y políticas, es decir la relación con las personas y las instituciones. La implicación en materias de derechos humanos o trabajo infantil y forzado o aspectos más sutiles como las relaciones laborales, la salud y la seguridad o la participación en la comunidad.

Esta mentalidad social engloba riesgos y oportunidades que son menos controlables por la corporación ya que esta no es el único actor en este escenario. En las relaciones laborales, por ejemplo, un conflicto puede dar lugar a un impacto directo sobre la actividad de la empresa, pero también en la manera en la que esta es percibida.

G de governance (gobernanza)

La perspectiva del buen gobierno corporativo lleva la mirada hacia un concepto más de puertas para adentro para la empresa: materias ante las cuales deben perder el pudor y acostumbrarse a tratar con normalidad y nitidez. Son aquellas cuestiones vinculadas al modelo de gestión y el control interno de la compañía: transparencia e información, calidad de gestión, independencia de la junta, conflictos de interés, compensación ejecutiva, y derechos de los accionistas.

Con este enfoque, una empresa no está legitimada para defender un compromiso con la sostenibilidad si no ofrece una postura clara sobre cómo plantea la remuneración de su alta dirección o su consejo de administración, incluso sobre cómo vigila y evita conductas éticamente inadecuadas.

Criterios diferenciadores, sobre todo para la empresa

El acrónimo ESG se repite con frecuencia poniendo énfasis en que es listón mínimo aceptable por los inversores que requieren una concordancia con su ética. Pero, dado que la perspectiva ESG ha llegado para quedarse, toda empresa que ignore los efectos de sus políticas y prácticas sociales sobre el entorno, la sociedad o la gobernanza estará en clara desventaja con aquellos que sí han capitaneado este cambio de paradigma y se verán expuestas a un mayor riesgo financiero.

Toda empresa que descuide considerar los criterios ESG estará en clara desventaja con aquellos que sí han capitaneado este cambio de paradigma

Son muchos los que hablan de la revolución ESG dado que estos criterios se han consolidado como indicadores de la calidad de las empresas, una letra pequeña que refleja su responsabilidad con la sociedad, pero también porque no se debe obviar la implicación contraria: el mercado tenderá a penalizar a las empresas que no minimicen su exposición a los riesgos fruto de las disonancias entre sus políticas y los criterios ESG y que con ello se colocan en una posición más desfavorable ante la competencia o ante eventos climáticos, por ejemplo.

La implantación de los criterios ESG no es pasajera, aquellos que antes se habitúen a sostener este timón serán quienes más capacidad de dirección tendrán entre sus manos. 

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