Que tome nota DIA: el activismo ‘healthy’ pide cuentas a los supermercados cotizados

En pleno ascenso de la 'S' de la ESG, los grupos de 'presión' accionarial exigen a grandes compañías del sector, como Tesco, un mayor compromiso con la alimentación saludable

Si en España fue Cataluña la primera autonomía que emprendió una campaña contra las bebidas azucaradas a través de impuestos (que ahora ya se aplica en todo el territorio nacional), en la ‘City’ la iniciativa contra la alimentación poco saludable la están tomando los inversores.

Este miércoles, Share Action -que en 2021 ya ha puesto en marcha una campaña contra HSCB por su apoyo financiero a la industria del petróleo y el gas– arrancaba otra sobre una empresa muy relevante en Reino Unido, pero con un perfil de negocio totalmente opuesto: Tesco.

Este grupo, que afirma contar con el respaldo de más de 100 accionistas (aunque en el comunicado no revela sus nombres y apellidos) presenta una lista de ‘peticiones’ muy alejadas de las habituales, que normalmente están ligadas a los compromisos medioambientales.

Share Action reclama al gigante de los supermercados un mayor compromiso con la alimentación saludable. Es una campaña más local que global -la contextualiza en la preocupación por el incremento de los casos de obesidad en el Reino Unido-, pero que podría salpicar a otras empresas de su sector cotizadas en bolsa, como la española DIA o la francesa, Carrefour.

Las empresas de alimentación llevan muchos años bajo presión para mejorar la calidad de sus productos

Las empresas de alimentación ya llevan muchos años viéndose presionadas desde multitud de flancos con el objetivo de que sus productos sean más saludables (aporten menos grasas y azúcares).

Es tema muy sensible desde hace unos años y que encaja, además, con la ‘S’ de la ESG. La obesidad infantil es un problema creciente en la sociedad occidental y es una materia clave para asegurar la salud de la sociedad, que se enmarca dentro de los criterios que engloban los ODS.

La pandemia del coronavirus, asimismo, ha puesto énfasis en la importancia de la alimentación saludable. Por una parte, porque se ha constatado que la obesidad es uno de los factores de riesgo que complica el cuadro clínico de la COVID-19.

Por la otra, por la propia importancia de los supermercados. Como establecimientos de primera necesidad, se han convertido durante las etapas más duras de cierre económico en los únicos proveedores de alimentos para las familias.

En este contexto, comprometerles con la venta de productos saludables se ha convertido en un factor crítico para mejorar la salud de la sociedad.

Explicar como base para comprometer

El ‘modus operandi’ del activismo pro salud es muy similar al que durante años ha estado llevando a cabo el climático.

A falta de una legislación que obligue a alcanzar una serie de objetivos, estos inversores han peleado primero para que las empresas aporten información y, después, para que marquen una hoja de ruta hacia su consecución e ‘informen’ al mercado de cómo lo están logrando.

Sin un movimiento ‘cero azúcar’ en línea con el activismo climático, lo que Share Action reclama a Tesco es justo que arranque por ‘visualizar’ y asumir una serie de compromisos.

En concreto le pide que incluya en su informe anual a partir de 2022 una «descripción de su estrategia en el área de nutrición y salud».

Para darle ‘cuerpo’, Share Action reclama «métricas y objetivos» concretos a Tesco, por ejemplo, dar a conocer el dato sobre la proporción de ventas lograda a través de productos saludables. Sobre este punto, demanda un objetivo «significativo» de incremento con la vista puesta en 2030.

Share Action reclama métricas y objetivos concretos en ventas de alimentación saludable

En paralelo, también exige que la información se vaya actualizando, publicando actualizaciones sobre estas métricas y la consecución de objetivos.

El grupo activista explica que ha dado este paso porque Tesco «no ha demostrado todavía que su estrategia y su compromiso con la nutrición y la salud estén alineados con la regulación y las tendencias del mercado en cuento a dietas saludables», revela en su documento.

«Su nivel de comunicación es insuficiente para dar visibilidad a los ‘stakeholders’ sobre su posición respecto a los riesgos y a las oportunidades de este área crítica; en particular sobre la ‘salubridad’ de su cartera de ventas», señala.

Una retahíla de peticiones -incluso en los plazos- que parecen inspiradas en los mensajes y las exigencias que a lo largo de los últimos años han recibido los sectores más contaminantes.

Tesco, un objetivo ‘ejemplificador’

El gigante de los supermercados no parece una ‘víctima’ elegida al azar, ya que es la cadena de supermercados más valiosa de Europa. Los pasos que ella dé, de alguna manera, fuerzan a sus competidores más pequeños a seguirlos; especialmente cuando el entorno está sensibilizado.

De acuerdo con datos de Bloomberg, la capitalización de Tesco alcanza los 27.500 millones de euros. La segunda empresa por valor bursátil europea es la holandesa Ahold Delhaize, valorada en 25.500 millones. En tercer lugar, pero a bastante distancia, se coloca la francesa Carrefour, con un valor bursátil de 11.900 millones.

La española DIA es la colista del grupo. Con una capitalización de aproximadamente 725 millones es la ‘pequeña’ del sector. Hoy ocuparía el puesto 17 por valor; colocándose por detrás de la portuguesa Sonae.

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