Los nuevos activos tóxicos

Los 'stranded assets' son un dolor de cabeza para las energéticas, las eléctricas intensivas en carbono o las mineras, pero pueden afectar a otros sectores. Un riesgo que es complicado ajustar a las valoraciones de las cotizadas

La banca lleva años tratando de rebautizar el concepto de activo tóxico a activo improductivo para cerrar el capítulo de la crisis financiera. Éxito, lo que se dice éxito no ha tenido mucho -tóxico es un adjetivo mucho más sonoro para un titular que improductivo-, pero está consiguiendo que el concepto se difumine a través de otros sectores cotizados.

La transición energética está dando vida a otra de generación de activos tóxicos – los ‘stranded assets’- que todavía hoy son un agujero negro difícil de incorporar al valor de las cotizadas al no existir una hoja de ruta cerrada hacia la descarbonización, pero que son un elemento que pesa negativamente en los sectores que están dentro del saco de los ‘más contaminantes’, ya que cuentan con activos en funcionamiento que morirán antes de lo que sería su ciclo natural de vida.

Si se sigue la guía de la Agencia Internacional de la Energía (IEA, por sus siglas en inglés), la minería de carbono, o muchos pozos de gas y de petróleo tienen los días contados porque su vida útil se acortará si realmente se quiere convertir en realidad el Acuerdo de París. Algo para lo que no habrá que esperar a 2050.

El apagón de activos ya comienza a programarse y el sector financiero es uno de los que va a marcar el reloj. El Santander o BBVA, por ejemplo, ya han anunciado que cerrarán el grifo al carbón a lo largo de esta década.

La muerte de todas instalaciones son un reto para las industrias que operan en ellos por una doble razón. Porque están en riesgo de tener que ir aflorando y actualizando -con provisiones- el valor de sus activos por su mortandaz prematura, y porque la muerte de las instalaciones merma su capacidad de generar ingresos en el futuro, reduciendo su valor y presionando su rating.

Esta mezcla pone a todos estos sectores en una situación de debilidad. Ven un futuro con menores ingresos y están obligados en paralelo a reinventarse e invertir para transformarse.

Repsol o Naturgy han ofrecido recientemente ejemplos del impacto para la cuenta de resultados de la reducción del valor de sus activos. La petrolera perdió 3.289 millones en 2020 por ajustes de valoraciones y 3.816 millones en 2019, entre otras razones por ajustes para adaptarse a su compromiso de ser cero emisiones.

En el caso de la compañía que lidera Francisco Reynés, los 347 millones en números rojos que sufrió el año pasado se generaron por un ajuste de 1.000 millones en la valoración de sus activos de gas.

Un riesgo que salpica a muchos sectores

La alargada sombra de los ‘stranded assets’ no solo afecta a las industrias señaladas como las más contaminantes. ¿Qué sucede con los aviones en propiedad que son grandes emisores? ¿O con intangibles como la posición de mercado de un fabricante de automóviles? ¿Será capaz de mantener su cuota cuando se vete la venta de coches de combustión?

La propuesta de la Unión Europea de impedir la venta de este tipo de vehículos en 2035 es una alerta importante de que el mercado del motor se va a transformar mucho en los próximos años y parece complicado ver hoy quién será el ganador.

Y si volvemos a la banca los créditos de todas estas empresas -y especialmente los vinculados a estos sectores- también son activos a cuestionar. ¿Tendrán capacidad de pago de sus préstamos todo estos valores en el futuro? ¿Están los bancos suficientemente preparados para este escenario y han provisionado correctamente este riesgo?

El Banco Central Europeo (BCE) ya ha señalado que por el momento el sector está muy lejos de sus expectativas supervisoras.

La inseguridad del marco jurídico

Todavía esta por ver qué jugadores se mantendrán en pie con la transición energética, pero si nos atenemos a la historia financiera, entrarán nuevos y otros desaparecerán. Las transiciones pueden ser dolorosas y provocar sustos por activos mal valorados y por transformaciones energéticas mal enfocadas o ejecutadas.

En un contexto de inseguridad, tal como reflexiona Mario Lara, Director de ESADE Madrid & ESADE Center for Corporate Governance, uno de los mayores retos de los departamentos de relación con inversores de las cotizadas será ser capaces de atraer a los accionistas que realmente necesitan las compañías para estar bien acompañadas en los próximos años y escapar a las garras de los inversores oportunistas.

Los accionistas no solo son importantes fuentes de financiación y generadores de estabilidad a largo plazo, sino también pueden ayudar a proveer y a atraer a ejecutivos preparados para liderar la transición energética.

Uno de los mayores retos va ser atraer a los accionistas correctos al capital

Hoy todavía son muy pocos los especialistas con experiencia probada en este punto; de manera que lo que parecen fichajes exitosos son un brindis al sol. Exxon puede servir de banco de pruebas. Habrá que ver si la entrada al consejo de los ejecutivos propuestos por Engine 1 da el resultado esperado. Recordemos cómo fueron cayendo gurús de Internet en el pasado.

Y por el camino hasta entonces -que parece largo si se mira hacia 2050- la jauría se divertirá. Como ha sucedido siempre, los cortoplacistas tratarán de aprovechar los aciertos y los errores en la gestión, con unas limpiezas y unas recompensas que desde la crisis financiera -la de los primeros activos tóxicos- cada vez son más rápidas.

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