La banca de Wall Street necesita un test urgente de estrés climático

Los bancos estadounidenses continúan disfrutando de mucha menos presión supervisora que los europeos, a pesar de que sus riesgos climáticos son considerables

Los últimos dos años están siendo todo menos sencillos para el sector financiero. Sin que todavía se hayan podido cuantificar los efectos de la pandemia de coronavirus, la creciente presión alrededor de la lucha contra el cambio climático, está poniendo al sector en el centro del debate de los inversores y de los supervisores.

Hace pocos días algunos bancos europeos lanzaban un SOS al Banco Central Europeo (BCE) advirtiéndole que llegaban muy justos a los test de estrés de climáticos.

La banca señalaba no cuenta con los datos necesarios de sus clientes para afrontar las pruebas, y reclamaban a la institución que lidera Christine Lagarde que valorara no hacer públicos los resultados para proteger al sector de un previsible castigo por parte del mercado a los resultados.

Por el momento, el supervisor bancario no se ha apiadado y el plan inicial -estrenar las pruebas de resistencia en 2022- se mantiene sin cambios.

La banca europea cuenta con argumentos para quejarse ante la falta de comparabilidad con EEUU

Para ser justos, la banca europea cuenta con algunas razones para quejarse. La mayor transparencia puede ser positiva, pero ahora mismo la perjudica respecto a sus competidores estadounidenses, que no tendrán que examinarse, eludiendo también sentencia del mercado.

Con unos ROE más altos, y sin una auditoría climática pública y supervisada, los bancos estadounidenses ganan atractivo a corto plazo respecto a las entidades europeas, aunque en sus balances puedan esconder riesgos climáticos muy relevantes.

Ceres publicaba hace pocos días un informe bajo el título «Financing a Net Zero Economy» en el que calculaba que solo los riesgos físicos a los que se expone la cartera de las grandes entidades estadounidenses (Bank of America, Citi, Citizens, Fifth Third, Goldman Sachs, JP Morgan, Morgan Stanley, PNC y US Bank) alcanzaría los 250.000 millones de dólares anuales.

En conjunto, la exposición de estas grandes entidades a eventos como el fuego, los huracanes… que tristemente se han producido en numerosas partes del mundo a lo largo del verano, rondaría el 10 por ciento de su cartera de préstamos sindicados (véase el gráfico inferior) considerando tanto los riesgos directos, como los indirectos. La cartera está valorada en 2,2 billones de dólares.

Fuente: «Financing a Net Zero Economy», CERES. Septiembre de 2021

Sin embargo, más allá de informes con este perfil, los grandes bancos estadounidenses seguirán al margen de los test de estrés climáticos, que ya se han aprobado en muchos países tanto para los bancos, como para las aseguradoras.

Crece la presión sobre Jerome Powell

Ceres, de hecho, ha aprovechado la publicación del informe para volver a exigir que se pongan en marcha test de estrés climáticos en los bancos estadounidenses -ya lo hizo en julio- como está sucediendo en muchos países del mundo.

Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal, este verano eludió poner fecha a las pruebas de esfuerzo climáticas de los bancos estadounidenses, tras ser preguntado en el Senado.

El presidente de la Fed ha evitado pillarse los dedos con una fecha para las pruebas

«No hemos decidido realizarlos todavía. Estamos en el proceso de analizarlo con mucho cuidado. Supongo que es una dirección que debemos tomar, pero aún no estamos listos para hacerlo», señaló Powell entonces, aunque después de reconocer que eran pruebas muy «rentables».

Hasta que la Fed se mueva, la banca de Wall Street vivirá un poco ajena a la corriente de evaluación de riesgos climáticos que se mueve sobre el mundo. Veamos si Ceres -la organización sin ánimo de lucro es uno de sus colaboradores- y la presión del mercado fuerzan el cambio.

Por el momento, además de la Eurozona, países como el Reino Unido, Australia, Brasil o Canadá, ya han anunciado test con este perfil. En Asia, los afrontarán Singapur o Hong Kong.

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