El activismo se prepara para movilizarse en las juntas de 2021 tras la pandemia

En lo que va de 2020, el número de campañas lanzadas por accionistas activistas se ha reducido un 20% respecto a 2019

El impacto del COVID-19 ha reducido el número de empresas objetivo de los ‘accionistas activistas’. Un recorte del 20% en comparación a 2019, según los datos recogidos por Bloomberg.

Sin embargo, en la recta final de 2020 ya se perciben señales de cambio de tendencia en el activismo accionarial -uno de los aspectos al alza en el campo de la Inversión Socialmente Responsable que podría materializarse en 2021.

Según la agencia estadounidense, hasta el 15 de diciembre de 2020, ha habido un total de 181 campañas lanzadas por accionistas activistas en empresas con un valor de mercado de, al menos, 1.000 millones de dólares (el equivalente a 821 millones de euros).

En el conjunto de 2019, el número de iniciativas de estos accionistas con vocación de influir en las cotizadas ascendió a 226. Sin embargo, la cifra del año aún en curso puede verse alterada a medida que se lancen nuevas campañas en lo que queda de diciembre.

En lo que va de año, el activismo accionarial tan solo ha lanzado un total de 181 campañas

Esta reducción se debe, en gran medida, al primer brote de la pandemia, que golpeó a Estados Unidos -como a Europa- en marzo.

Ese mes es crucial, porque concentra gran parte de la actividad de los ‘proxy’, las firmas que asesoran sobre las opciones de voto, según indica a Bloomberg Andrew Freedman, copresidente en práctica de activismo accionarial del despacho de abogados Olshan Frome Wolosky LLP.

La firma Olshan, uno de los principales asesores legales de los activistas accionariales durante 2020, asume el impacto del coronavirus.

“Fue un ‘shock’ porque teníamos que quedarnos en casa justo en el momento que se iniciaba la actividad de los ‘proxy», asegura en una entrevista.

Si bien hubo algunas campañas que pudieron ser votadas en las juntas, la mayoría de ellas fueron archivadas o paralizadas, ya que tanto empresas como activistas se focalizaron en las consecuencias de la pandemia.

Según los datos proporcionados por el despacho de abogados, solo se lanzaron 11 acciones del ‘proxy‘, en empresas valoradas en 1.000 millones de dólares, en comparación con las 25 que registraron en 2019.

En 2020, solo 11 acciones del proxy fueron propuestas en comparación de las 25 en 2019

Freedman señala que muchas empresas ya se habían preparado para responder a las peticiones de los activistas. Por lo que es previsible que esas campañas se retomen el próximo año. «En general, lo que eso significa es que nos espera una enorme cantidad de actividad en 2021».

Avinash Mehrotra, jefe global de Goldman Sachs Group en el área de defensa al activismo y asesoramiento a accionistas, considera que la forma en que las empresas han gestionado la pandemia podría atraer a más activistas para valorar si estas compañías desempeñaron correctamente su actividad.

El directivo Goldman Sachs, firma que lideró la asesoría financieras del activismo accionarial durante 2020, puntualiza que «esta crisis sanitaria mundial ha creado líderes y ha dejado compañías rezagadas en casi todas las industrias y sectores».

Moldear nuevos modelos de negocio

Por otro lado, los líderes y empresas que han adaptado sus modelos de negocio, en cambio, pueden atraer a activistas que buscan aprovechar su positiva evolución. De esta forma, se reservarían para más adelante la opción de cuestionar el modelo de gestión, asegura el responsable de activismo de Goldman Sachs.

Además, señala que aquellas compañías que estén más rezagadas también pueden sentirse presionadas para mejorar y no quedarse atrás, al ver como sus competidores salen reforzados de la pandemia.

Otros dos motores de este activismo pueden ser el propio de mercado valores y un repute de las operaciones corporativas, de las fusiones y adquisiciones, indica Mehrotra .

Un escenario de más operaciones corporativas puede suponer -en aquellas empresas que no vivan su mejor momento- que la acción de los activistas derive en una mayor presión para que las compañías vendan algunas divisiones de su negocio o, incluso, cambien de manos.

Una presión por parte de los activistas que puede ser más relevante en las compañías con mayor capitalización, donde perciban menos riesgo o un dividendo potencial más atractivo.

Cambios sociales

Este año, la pandemia también ha marcado un punto de inflexión en los accionistas que presionan a las compañías para que realicen cambios en su política medioambiental o de responsabilidad social.

En general, la comunidad inversora puso el foco en estas temáticas a raíz de las protestas por la igualdad racial en Estados Unidos, además de la pandemia, asegura Amy Lissauer, responsable global del área de activismo y defensa de los accionistas de Bank of America.

De igual forma, añade que los activistas no solo están incorporando, más que antes, componentes sociales en sus campañas, sino que también han surgido fondos que están completamente enfocados en la inversión ESG, como el ‘Inclusive Capital’ lanzado por Jeff Ubben, presidente y cofundador de ValueAct Capital.

Dado que el activismo se ha centrado durante mucho tiempo en la «G» de gobernanza de la inversión ESG, considera que «veremos el énfasis en los aspectos de medio ambiente y en los sociales, más de lo que hemos visto en el pasado», añade Amy Lissauer.

«Lo que podríamos ver en 2021 es que las propuestas centradas en ESG obtendrán mucho más apoyo» en las juntas de accionistas, según augura la directiva de Bank of America.

Greg Taxin, director gerente de Spotlight Advisors -que este año ocupa el segundo lugar entre los asesores en materia de activismo-, cree que la inversión ESG no solo ha dado este giro, sino que, además, se han difuminado las líneas entre el activismo y el ‘private equity’.

No solo han estrechado lazos entre estas firmas de capital riesgo y las activistas, sino que también han colaborado a la hora de realizar operaciones corporativas o sacar a bolsa compañías.

«Lo que estamos viendo es, básicamente, la percepción compartida de que no se está gestionando adecuadamente una compañía», recalca.

«Eso puede impulsar la decisión de adquirir una participación minoritaria en una empresa y tratar de arreglarlo, o decir, ‘Bueno, diablos, voy a comprarla entera y arreglarla yo mismo», afirma Taxin.

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