El activismo precipita la venta de 25.000 millones en activos de gas y petróleo

Gigantes como Shell, Chevron o BHP tienen en marcha operaciones de desinversión para reducir su exposición a combustibles fósiles, presionadas por las campañas de los inversores pro clima

Petrolero. Imagen de Unsplash

Es un movimiento constante e imparable. Las grandes petroleras globales están inmersas en un proceso de venta de activos de petróleo y gas sustentado en dos premisas. La primera, la exigencia de reducción de emisiones de gases con efecto invernadero, que está conllevando la propia transformación de su negocio hacia procesos y productos con menos impacto medioambiental.

La segunda -y claro motor de la primera- el requerimiento por parte de los accionistas activistas a que pisen el acelerador en ese proceso de cambio.

No sólo porque la realidad y las exigencias climáticas internacionales, con un horizonte de cero emisiones de CO2 en 2050, les obliga a hacerlo. También, porque las últimas en vender esos activos pueden verse con peores opciones y variables a la hora de negociar una operación.

Unos activos para los que, sin embargo, todavía hay apetito. No en vano, siguen siendo rentables, más aún con precios del crudo y gas al alza, aunque su horizonte temporal se concentre, exclusivamente, en el corto y medio plazo. En total, las transacciones que acaban de sellarse o están en negociación suman cerca de 25.000 millones de euros.

Pasos atrás en Estados Unidos

El último movimiento -y millonario- lo ha llevado a cabo la multinacional angloholandesa Royal Dutch Shell. El gigante energético acaba de pactar la venta de sus activos en el Estado de Texas al grupo ConocoPhillips en una operación valorada en 9.500 millones de dólares, en efectivo, el equivalente a 8.100 millones de euros. 

En total, la transacción supone el traspaso de producción de crudo equivalente a 175.000 millones de barriles diarios y ambas compañías esperan cerrarla antes de que concluya el año. 

Shell, con este paso, dejará de operar en Texas y cumple así con una de las exigencias de los activistas que la presionan para que avance en su transformación hacia las energías renovables.  

Precisamente, el grupo angloholandés es una de las multinacionales que más presión recibe por parte del activista Follow This. Una firma que induce cambios en las petroleras y que, de momento, ha descartado su presencia en Repsol por las dificultades que entraña la legislación española para este tipo de movimientos, ya que se exige más de un 3 por ciento del capital para que estos pequeños inversores centrados en lo medioambiental puedan llevar propuestas a las juntas.

Precisamente, Shell -junto con la francesa Total– una de las compañías adscritas a ‘Say on climate’, la iniciativa impulsada por el inversor activista Chris Hohn -presente en cotizadas españolas como Cellnex, Ferrovial o Aena– que reclama a sus participadas suscribir compromisos climáticos y, además, lleva esa premisa a las juntas de accionistas, para que vote al respecto.

También ConocoPhillips tiene en su capital inversores que piden cambios -en la última junta un 58 por ciento de los votos respaldaron las exigencias de Follow This- pero, dada esta compra, parece estar más centrada en la rentabilidad petrolera a corto plazo. Un paso que deja entrever nuevas y reforzadas polémicas de cara a la junta del próximo ejercicio. 

Un activismo que este año también vivido el grupo británico BP, a pesar de que a principios de este año pactó la venta de activos gasistas en Omán, precisamente, para centrarse en renovables. En su caso inversores institucionales como el fondo californiano Calpers le están exigiendo que se marque objetivos de reducción de emisiones tanto en producción como en Alcances 2 y 3.

Precisamente, la estadounidense Chevron está inmersa en una situación similar, después de que un 60 por ciento de sus accionistas le haya exigido este año que no sólo reduzca sus propias emisiones, sino también las de Alcance 3, las de su proveedores y su cadena de suministro. 

En su caso, las desinversiones pueden ser inminentes porque la compañía dirigida por Mike Wirth está negociando la venta de sus activos en el sur de Texas, en Eagle Ford Basin.

El montante de la operación es variable, porque depende del volumen de reservas y el inventario que se incluya y, según las informaciones publicadas por la prensa estadounidense, la transacción puede alcanzar desde 1.000 a más de 3.800 millones de dólares. Entre 850 y 3.200 millones de euros. 

Movimientos globales

No sólo hay presión en Europa y en Estados Unidos, también en Australia, donde el grupo -centrado sobre todo en minería- BHP Billiton venderá su negocio de gas y petróleo local, cuyo valor alcanza los 15.000 millones de dólares (12.700 millones de euros). 

No es la primera vez que el gigante de las antípodas siente la presión por desinvertir en un negocio con un alto componente negativo en lo medioambiental. En 2018, ya se desprendió de su actividad de esquisto. Y tienen planes para desinvertir en sus negocios mineros de carbón térmico, el empleado para la producción energética.

Además, BHP Billiton es uno de los grupos mineros que siente la presión de la organización no gubernamental Shareaction. No sólo en lo relativo a la producción de gas o de crudo, también a otras materias primas.

“Con el petróleo y carbón, las empresas saben que tienen que desaparecer. Los vehículos de combustión, lo mismo. Con el acero es más complicado”, aseguraba al diario ‘Financial Times’ el responsable de estrategias del sector financiero de Shareaction, Wolfgang Khun, respecto a la presión sobre estas empresas.

Tampoco hay que obviar lo ocurrido Exxon, donde el pequeño inversor Engine No.1 ha logrado este año tres puestos en el consejo de administración que tienen como meta impulsar el giro hacia un negocio más descarbonizado. Un paso que ha sido un hito dado que el pequeño fondo sólo tiene un 0,02 por ciento del capital.

Pero esas exigencias no sólo llegan a las petroleras que tienen activismo en su seno, también a firmas controladas por Estados que basan su PIB en el crudo. Abu Dhabi National Energy Company, estatal en un 99 por ciento, está planeando la venta de activos de crudo y petróleo, exigida, asume, por la propia transformación en la industria. 

En su caso son activos globales, porque cuenta con presencia tanto en Reino Unido, Holanda o Canadá como en el Kurdistán iraquí. 

O la mayor petrolera japonesa, Marubeni Corporation, que negocia un paso similar en el Mar del Norte con activos valorados en 1.000 millones de dólares. El goteo de operaciones se perfila continuo.

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