BP y Exxon, el campo de batalla de las dos caras del activismo climático

Los pesos pesados de la industria ESG son perseguidos por pequeñas asociaciones que les presionan para que apoyen sus propuestas climáticas para no ser sospechosos de 'greenwashing'

El sector del petróleo se ha convertido en la punta de lanza de la actuación de los accionistas activistas. No por la mera actuación de inversores que exigen compromisos climáticos, sino porque estos han ido un paso más allá y ya se percibe un choque entre las exigencias de los grandes inversores institucionales comprometidos con la ESG y firmas de menor tamaño, pero con elevada capacidad mediática, que reclaman avances a diferente velocidad y que presionan a los primeros con la amenaza de que hacen ‘ecopostureo’.

El ejemplo más claro es el de la petrolera británica BP que este miércoles ha celebrado su junta anual de accionistas. Una cita en la que no sólo medía la actuación de su consejo de administración, de su gestión a pasado y su estrategia a futuro.

En ella, sus inversores también han votado, dentro del orden del día, la hoja de ruta propuesta por activistas como Follow This, que exigen una mayor reducción de emisiones contaminantes que la planeada por su consejo de administración.

Y es ahí donde se escenifica la disparidad de criterios, en un indicativo de cómo el activismo accionarial avanza en diferentes direcciones, con exigencias que no siempre son compatibles y donde estas firmas también tienen que defender sus propios puntos de vista. 

Los objetivos que se ha marcado BP

En el caso de BP, la compañía ha elaborado un planteamiento corporativo de reducción de emisiones de gases con efecto invernadero que, en el Scope 1 y 2 -las que dependen de la compañía, ya sean directas o por compra de energía- está previsto recortar entre un 30% y un 35% en 2030, tomando como base el año 2019. 

En lo relativo al Scope 3 -el que no está vinculado directamente a la actividad de la empresa, sino a terceros, como proveedores- contempla una reducción de entre el 35% y el 40% de cara a 2030, pero sólo en lo relativo a producción de gas y de petróleo (la actividad denominada ‘upstream’). 

Ese es el planteamiento de la compañía, considerado insuficiente por firmas activistas, como Follow This.

Este grupo de presión -que basa su operativa en accionistas que solo tienen una acción pero ceden a esta firma su derecho de voto- ha colocado un punto en el orden del día de BP para que los accionistas exijan un nuevo planteamiento de reducción de emisiones, al considerar que, con el actual, no va a llegar al escenario de neutralidad -cero emisiones- en 2050.

Un punto que no ha contado con el respaldo de firmas con trayectoria en exigencias ESG como Calpers, el fondo de pensiones de los empleados públicos de California, que también tiene la sostenibilidad en el ADN de sus inversiones, y que suma activos con un valor de mercado de casi 400.000 millones de dólares.

En BP, Calpers controla más de 45 millones de acciones con derecho de voto, que constituyen su inversión más relevante. La segunda es Ford, con más de 11 millones de títulos y, la tercera, la también petrolera Exxon, que vive su propio choque de posiciones entre accionistas activistas. 

Tras la junta, BP ha comunicado que el punto incluido por Follow This ha contado con un respaldo del 20%, uno de los porcentajes más altos conseguidos hasta el momento -opera desde 2016- por el grupo de presión de origen holandés

El fondo californiano se alinea con la dirección de BP

En el caso de BP, el fondo californiano ya había adelantado que iba a votar en contra de la propuesta de Follow This y ha explicado los motivos. 

Asegura que le “preocupa” la iniciativa de este grupo de presión accionarial porque en BP ya hay objetivos claros por parte de la petrolera “que se ha comprometido a con los accionistas a desarrollar una estrategia climática en línea con los acuerdos de París”.

“En febrero de 2020, la compañía anunció su meta de convertirse en una empresa con cero emisiones netas en 2050 o antes”, explica Calpers al justificar la dirección de su voto. Y ahonda en este sentido al asegurar que BP ya se ha marcado y publicado objetivos, que incluyen metas cuantitativas en las emisiones de Scope 1, 2 y 3.

También, señala Calpers, que los principales ejecutivos de BP están alineados con estas exigencias, porque una parte de su retribución variable va a depender de ello. 

Este ‘choque de trenes’ del activismo en la petrolera británica tiene además su raíz en que estos objetivos de reducción de emisiones nacieron por la presión de Climate Action 100, el ‘lobby’ que suma a 575 firmas de inversión -con activos por valor de 54 billones de dólares- y que ha colocado a las petroleras en su foco de presión para impulsar la transición hacia las renovables y la reducción de emisiones.

En este caso, fue Climate Action 100+ la que exigió en la junta de BP de 2019 que la petrolera tenía que diseñar una hoja de ruta para cumplir con el Acuerdo de París. Y, ahora, la compañía se ampara en ese movimiento para defender su propia gestión medioambiental. 

“Damos la bienvenida al ‘engagement’ de nuestros accionistas. Hace sólo dos años, respaldamos una resolución innovadora, consistente con el acuerdo de París, que fue requerida por la iniciativa de Climate Action 100+ y abrumadoramente aprobada por los accionistas de BP”, indica la compañía al explicar, en la documentación de la junta, por qué no respalda la revisión de su estrategia de reducción de emisiones 

“Desde entonces, BP se ha marcado nuevos objetivos, con la ambición de ser una compañía neutral en 2050 o antes”. Entonces, en la junta de 2019, la exigencia de Climate Action 100+ recibió un respaldo del 99% de accionariado de la petrolera que tiene entre sus principales accionistas a firmas como BlackRock, JPMorgan y Vanguard.

Creciente presión en Exxon

Precisamente, BlackRock y Vanguard -dos de las gestoras que integran el ‘lobby’ Net Zero Asset Managers– también están en el foco por exigencias medioambientales ligadas a otra petrolera: Exxon Mobil. 

Se trata de un movimiento similar, donde la presión medioambiental mide fuerzas entre accionistas de diferente perfil y calado. 

En Exxon, el tira y afloja tiene como protagonistas al ‘hedge fund’ Engine No.1, que exige a la compañía que acelere con la reducción de emisiones; o un inversor particular, el ‘trust’ de Olga Monks Pertzoff.

Precisamente, este último -que posee 400 acciones de la petrolera- es el que ha introducido en el orden del día otra cuestión vinculada con la ESG, en concreto con el buen gobierno, al reclamar que la multinacional tenga un presidente independiente no ejecutivo; y deje ese papel al consejero delegado.

Un movimiento similar al que acabó con el ya expresidente de Danone por la presión de Bluebell Capital y que está respaldado, precisamente, por el fondo de pensiones californiano Calpers.

En este caso, Exxon, a diferencia de otras grandes petroleras, aún no ha marcado objetivos intermedios de cara a conseguir la neutralidad en 2050.

La compañía sí asegura a los inversores, de cara a la junta del próximo 26 de mayo, que tiene metas, pero parciales: de reducción de emisiones en ‘upstream’ de entre un 15% y un 20% en 2025; y rebajar la intensidad de las emisiones de metano entre un 35% y un 45%. Medidas consistentes con el acuerdo de París, pero consideradas insuficientes. 

En España, de momento, la presión a las energéticas y sobre todo a Repsol, la principal petrolera cotizada no es ni mucho menos tan intensa, entre otros motivos porque sí han diseñado una hoja de ruta hacia la neutralidad. Habrá que ver si esta ‘segunda generación’ de inversores activistas consideran suficientes sus propuestas.

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