Amazon afronta la junta del ‘paso atrás’ de Bezos bajo la presión del activismo social

El gigante está en el punto de mira de importantes inversores por las condiciones de trabajo de sus 800.000 empleados en Estados Unidos y por el derecho a la representación sindical

“Si leéis algunas informaciones, podéis pensar que no nos importan nuestros empleados. En esas informaciones, nuestros trabajadores, a veces, son señalados como almas desesperadas, que son tratadas como robots”. Así se expresa Jeff Bezos, fundador y consejero delegado de Amazon, en la carta que ha enviado a sus accionistas de cara a la próxima junta, que celebrará el próximo 26 de mayo.

“No es cierto. Es gente preparada y reflexiva, que tiene opciones para trabajar en otro sitio. Cuando preguntamos a nuestros empleados, el 94% afirma que recomendaría a un amigo trabajar en Amazon”, justifica Bezos en una misiva que, además, será la última que escriba como consejero delegado, aunque no tenga intención de dejar la empresa porque dejará de ser consejero delegado para permanecer como presidente. 

Lo cierto es que el gigante de la distribución, el segundo mayor empleador de Estados Unidos, tiene las condiciones laborales de su plantilla en el foco mediático.

Más aún cuando un grupo de sus propios accionistas han instado a la dirección a mejorar las condiciones y el marco laboral de su plantilla. Exigencia que ha coincidido con unas elecciones para sindicar uno de sus centros logísticos en Alabama. Votación donde los propios trabajadores rechazaron la formación de un sindicato.

Amazon se defiende

De momento, el gigante norteamericano afronta su cita anual con una marcada defensa de su estrategia.

“Los empleados pueden hacer descansos informales durante sus turnos para estirarse, beber agua, ir al cuarto de baño o hablar con su manager sin que eso impacte en su rendimiento. Estos descansos son adicionales a la pausa de 30 minutos para comer”, recalca Bezos en una carta a accionistas atípica. 

Estas misivas anuales a los accionistas, normalmente, están enfocadas en torno a la evolución financiera de la empresa o versan sobre métricas clave para los inversores y no tanto en cómo es el día a día de la plantilla. Señal inequívoca de lo relevante que es el tema social, en particular, la gestión laboral de Amazon, para los inversores más comprometidos con la ESG.

La exigencia de los inversores activistas en lo social

Entre estos últimos están firmas como las suecas Folksam o Ohman Fonder, además de inversores institucionales como BMO Global Asset Management o los fondos de pensiones de los empleados públicos de Nueva York y de la Iglesia de Inglaterra que han instando conjuntamente al gigante de la distribución para que no presione a la plantilla en contra de la afiliación sindical.

Estas firmas, que suman acciones por valor de 20.000 millones de dólares, aseguran a través de una carta conjunta que la compañía presiona para evitar la sindicación de los trabajadores, vía comunicados internos o, incluso, creando páginas web donde explicaba que la compañía podría ofrecer mejores condiciones a los trabajadores si estos no cuentan con sindicatos que los representen.

Una situación que en España no es similar, dado que aquí sí cuenta con representación sindical y comités de empresa, aunque no en todos sus centros, y sí se han llevado a cabo acciones de protesta, que quedaron patentes en los paros de hace dos años. 

“Los inversores de Amazon estamos atentos. Queremos que los trabajadores sepan que los respaldamos y que cuentan con todo nuestro apoyo mientras luchan por un lugar de trabajo seguro y justo”, asegura uno de estos inversores activistas, el fondo de pensiones de los controladores del Estado de Nueva York, en la carta recogida por el diario “Financial Times’.

Unas elecciones donde la empresa ha salido reforzada

Detrás de estos postulados a favor de gestión laboral responsable estaban las elecciones, este pasado abril, en uno de los centros de distribución de Amazon en Estados Unidos. En concreto, la planta de Bessemer en el Estado de Alabama.

Una instalación de algo más de 5.800 trabajadores que, de haber votado a favor de una sindicato que representara los intereses de la empresa, hubiera sentado un precedente para una plantilla que, en todo el país, alcanza las 800.000 personas.

Sin embargo, las elecciones no contaron con un respaldo mayoritario, pese a su interés mediático, inversor y político y sólo votó la mitad de la plantilla. Una votación que se saldó con 1.798 votos en contra de la creación de una representación sindical y casi 740, a favor.

El argumento esgrimido en este caso por Amazon es, básicamente, que el ‘statu quo’ funciona para la empresa y para los empleados, al menos, en lo relativo a los salarios. 

En Estados Unidos, Amazon paga un salario mínimo de 15 dólares la hora, más del doble de lo marcado por la legislación federal que establece un mínimo -congelado desde hace años- de 7,25 dólares.

De hecho, ese sueldo de 15 dólares se fijo hace dos años tras la presión del senador Bernie Sanders, considerado uno de los políticos del ala más progresista del partido Demócrata. 

“Escuchamos a nuestros críticos”, aseguró hace dos años Bezos al explicar el porqué de esa subida de sueldos. “Queremos liderar con el ejemplo y queremos que las grandes compañías nos sigan”, aseguraba entonces aunque, ahora, lo que estaba en cuestión no era el sueldo, sino si las condiciones dentro de los puestos de trabajo -los citados descansos de la carta de su CEO- y el derecho a la representación sindical. 

Presión por las diferencias salariales

Esta última cuestión no está dentro del orden del día de la próxima junta de Amazon, pero sí otros puntos vinculados con aspectos sociales de la ESG, que entran en la cita anual a instancia de accionistas.

En este caso, Amazon no desglosa en su documentación a la junta qué accionistas han reclamado que la junta hable de un determinado tema y explique su actuación relativa a aspectos como una información más precisa y un mayor desglose sobre las diferencias salariales de la plantilla, por género y raza.

Una votación que, por ejemplo, no cuenta con el respaldo de los ‘proxy’, en concreto de la firma de asesoría de voto Glass Lewis, porque considera que puede causar tensiones dentro de la plantilla y no refleja si la empresa está haciendo o no lo suficiente para disminuir esas diferencias.

En el año de movimientos como Black Lives Matter los inversores también han propuesto que Amazon lleve a cabo una auditoría interna sobre su política, prácticas, productos y servicios y si estos tiene impacto en la diversidad o en igualdad de género. Una votación que, en este caso, sí respalda Glass Lewis, que la empresa considera que no es necesaria porque ya lleva a cabo una estrategia para impulsar ambas cuestiones.

¿Y qué ocurre con el compromiso medioambiental? En el caso de Amazon, los inversores no lo cuestionan. La compañía se ha comprometido a ser cero emisiones en 2040, diez años antes de lo marcado en el acuerdo de París.

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